Chec Bebel Doumbia tiene 18 años y desde comienzos de este año integra la plantilla del Genoa. Se destaca de la delegación de Burkina Faso por dos cosas: por su 1,93 metro de estatura y porque es el único profesional de un plantel que se armó de emergencia con mayoría de talentos Sub 23, luego del boicot de los jugadores de élite a participar del amistoso ante la Argentina, según trascendidos llegados desde África, por no cobrar un canon por el partido -luego de haberse negado a volar en avión comercial low cost a Buenos Aires.

Doumbia no está acostumbrado a lo que vivió este sábado. No le es familiar nada de lo que ocurrió desde la primera de tantas negativas de la plantilla burkinesa. Estar días con las valijas armadas en Casablanca para embarcar y no hacerlo. Volar de madrugada -y con delay- hacia la capital de un país muy al Sur de América. Aterrizar a las 15 con jet-lag y cuatro horas después, entrar al estadio más grande del continente. Él que hace poco jugaba en el Giuseppe Capozza del Casarano Calcio, de la Serie C italiana. Pero ahí está. Celular en mano. Filmando cómo desde las tribunas todavía no tan pobladas bajan palmas luego de un incipiente silbido que los propios autores entendieron rápido que eran exagerados. Que ameritaban ser canjeados por aplausos.

La previa de Argentina-Burkina Faso.

Chec no es el único que graba con su smartphone. Las lucecitas de los flashes indican que son al menos cinco o seis los que están grabando. Los que desde adentro intentan dimensionar lo que han atravesado a lo largo de todo el día previo. A la amenaza de no volar. A ver las caras de ansiedad y adrenalina de sus compañeros, todos de una categoría más baja, una Sub 23 que suele competir por clasificaciones olímpicas y que tenía pensado jugar este mismo sábado un amistoso contra Malí antes de enterarse de que los planes cambiaban. Que enfrente estaría la subcampeona del mundo, la campeona de Qatar 2022. El seleccionado en el que juegan tantísimos futbolistas observados desde África por integrar plantillas de la Premier League. Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Ezequiel Barco, Exe Palacios, Lisandro Martínez, hasta hace poco Cristian Romero o no muy atrás en el tiempo, hasta Julián Álvarez.

Cuando pisan la hierba híbrida 95%/5% recién hidratada por los aspersores automáticos, los burkineses llevan cumplidos 240 minutos en la Ciudad. Faltan otros 90 para que arranque el amistoso con una disparidad de jerarquía abismal: si de por sí el hecho de enfrentar al 62° del ranking FIFA ya permitía imaginar un escenario al menos no tan incómodo -después de la experiencia de Cabo Verde nadie se animó a ir más allá en el pronóstico- que el adversario haya llegado diezmado, desgastado por haber conocido el tráfico de fin de semana de Baires, la General Paz, los semáforos, los bocinazos y el estrés de las veredas porteñas, además del calor por el fútbol. Difícil tratar de entenderlo para ellos, que charlan entre sonrisas. No dejan de ser pibes que se sacaron la lotería.

Soccer Football - International Friendly - Argentina v Burkina Faso - Estadio Monumental, Buenos Aires, Argentina - October 3, 2026
Burkina Faso players before the match REUTERS/Rodrigo ValleSoccer Football – International Friendly – Argentina v Burkina Faso – Estadio Monumental, Buenos Aires, Argentina – October 3, 2026
Burkina Faso players before the match REUTERS/Rodrigo Valle

El Monumental poco a poco se va llenando. Se empieza a borronear el River Plate escrito con butacas blancas sobre gris oscuro: la gente comienza a darle color. El patrón cromático sufre de manera paulatina y atomizada una metamorfosis hacia lo albiceleste. Son las 19.37 puntuales cuando desde esas gradas se repiten los aplausos. La misma reacción empática -contracultural en estas épocas- para reconocer al que está viviendo quizás un sueño inesperado.

Para Doumbia y para sus compañeros en etapa formativa que quizás dimensionen lo que han vivido en Buenos Aires cuando estén en el vuelo de regreso hacia Burkina Faso y regresen a sus vidas cotidianas. Entrenamientos, estudios, partidos. Rutina. Como si la vida les hubiera dedicado un bonus track, una anécdota para la que deberán atesorar distintos recuerdos. Instintivamente entonces graban y toman fotos: algún día, habrá hijos y nietos que no creerán que todo lo narrado ocurrió. Y por eso se necesitarán pruebas digitalizadas. También de las eternas.

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