Por sus colores las reconocerán. También por sus diseños de aire vintage. Y por esa filosofía de cocinar éxitos a fuego lento durante décadas. Los de los guisos que se sirven en la mesa preparados en alguna de sus icónicas cacerolas y, también, los de una firma de menaje de cocina que ha sabido hacerse un hueco en nuestras alacenas con el más difícil todavía: poner de acuerdo a las abuelas y a las nietas. A las más clásicas y, también, a las nuevas modernas. Hablamos de Le Creuset.
La nostalgia está de moda en decoración, es innegable. Valoramos más que nunca el ajuar de la abuela, compramos muebles de segunda mano con historia y ha vuelto a ser tendencia el ganchillo. También las vajillas de Duralex y las de La Cartuja, reconvertidas en objeto de deseo para los millennials. Por eso, que arrasen las baterías de cocina de Le Creuset no es de extrañar: combinan un storytelling magistral, un aire retro de plena tendencia, un diseño tan reconocible que se ha hecho icónico y un toque de color irresistible y con historia. Un ‘if you know, you know’ de manual que es todo un éxito.
Pero, además de esa estética tan reconocible (equiparable, quizá, a los frigoríficos SMEG), ¿qué tienen de especial estas piezas de la batería de cocina de Le Creuset? ¿Por qué estamos dispuestas a pagar 300 euros por una cacerola o hacer varias horas de cola por conseguir una de sus piezas con descuento? Una vez más, en la historia detrás del producto y en la herencia artesanal está la clave.
La historia de Le Creuset: no hay dos cacerolas iguales en el mundo
La historia de Le Creuset se remonta a 1925 en Fresnoy-le-Grand, un pequeño pueblo al norte de Francia, donde cruzaron sus caminos dos industriales belgas: Armand Desaegher, especialista en fundición, y Octave Aubecq, experto en esmaltado. Esta sinergia dio origen a la icónica cocotte de hierro fundido esmaltado, revolucionando el menaje de cocina al aplicar por primera vez un acabado vitrificado y brillante sobre un material eminentemente industrial. Su bautismo de fuego llegó teñido de un deslumbrante tono anaranjado, el famoso Volcánico (Volcanique), un pigmento inspirado en el tono del hierro al rojo vivo brotando de los crisoles de la fundición (creuset, en francés), estableciendo así la firma estética de la casa.
Los valores de la firma se asientan sobre la artesanía de tradición centenaria, la durabilidad intergeneracional y una irrenunciable excelencia técnica que aboga por el consumo consciente y sostenible. Le Creuset abandona la lógica del consumo efímero para concebir piezas de cocina heredables, esas que pasan de madres a hijas y se guardan como tesoros en la alacena. Además, la marca francesa ha hecho del valor del tiempo su bandera, promoviendo el ritual del cocinado lento o slow cooking, la convivencia en torno a la mesa y un compromiso firme con la sostenibilidad al reducir el consumo energético gracias a la eficiencia térmica superior de sus materiales.
Fabricadas meticulosamente bajo un estándar de calidad que incluye la destrucción y reciclaje de cualquier unidad con la más mínima imperfección antes del esmaltado y por el cual cada una de sus piezas se inspecciona a mano y de forma individual, todas ellas son fruto de un proceso artesanal que comienza dándoles forma en un molde individual de arena, lo que garantiza que no existan dos utensilios idénticos en todo el mundo. Este sistema de producción se complementa con un acabado de vitrificado que previene la absorción de olores, sabores y bacterias, ofreciendo una retención y distribución del calor impecable tanto para fuego como para horno.
El mercadillo deco más esperado: horas de cola para conseguir una cacerola barata
«Hay productos que se compran y otros que se convierten en objeto de deseo. Le Creuset pertenece a la segunda categoría. La prueba está en lo que sucede cada vez que Factory to Table abre sus puertas: largas colas, miles de personas y piezas que desaparecen en cuestión de horas«, nos cuentan desde la firma francesa de menaje del mercadillo que vuelve a Madrid este jueves 24 de septiembre y que todo apunta a que revalidará el éxito que cosechó en su primera edición, cuando reunió a más de 6.000 compradores.
Durante cuatro días (del 24 al 27 de septiembre) en horario de 10 a 21 horas, el Espacio Larra (Calle Larra, 14) de Madrid acogerá esta venta especial en la que los fans de la marca buscarán (y esperemos, encuentren) ese color, ese tamaño o esa pieza que normalmente está agotada en tienda. Una búsqueda del tesoro en toda regla para vestir nuestra cocina y nuestra mesa con el menaje más codiciado y difícil de conseguir.
«Nunca sabes exactamente lo que vas a encontrar, pero habrá cocottes (sus famosas cacerolas), sartenes, vajillas, accesorios y otros utensilios en colores poco habituales, referencias exclusivas y piezas que rara vez vuelven a estar disponibles», prometen desde la Le Creuset. Todo ello, además, a precios especiales. Aunque ha habido entradas anticipadas (y se agotaron en horas), se puede acudir de forma gratuita durante los día de apertura hasta completar disponibilidad y aforo. Un plan perfecto para inaugurar el otoño.





