Elena Romero Vargas

Si hay una ocasión en la que merece la pena sacar las piezas más especiales a relucir, ese es el día de tu boda. Vestirse de novia va mucho más allá de escoger el vestido perfecto: los complementos también juegan un papel crucial a la hora de conseguir que ese día te veas como siempre soñaste. Desde hace unos años, ha entrado en escena una tendencia que se ha colado en muchas bodas y que ha demostrado saber marcar la diferencia en un look nupcial. Hablamos de joyería vintage.

Marisa Hernández es directora creativa y CEO de eme Jewels, una marca de joyería española 100% artesanal que además de diseñar y crear piezas únicas pensadas para la eternidad, también se dedican a restaurar joyas vintage en las que tratan de plasmar la identidad de la firma sin alterar su esencia original. Ella, que lleva tanto tiempo al frente de este negocio, reconoce que la tendencia de la joyería vintage se ha ido colando tímidamente en los estilismos nupciales, especialmente entre aquellas novias que persiguen un resultado más romántico y especial.

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Pero, ¿a qué se debe este auge? Según Marisa, lo que estas joyas tienen de especial es que las envuelven «un aura de misterio e historia que hace que llevarlas el día de tu boda incremente el simbolismo de que la historia continúa». En cierto modo, las novias que apuestan por estos complementos con pasado se comprometen a seguir siendo parte de su legado, esta vez incluyéndolas en una nueva historia de amor. Además, como señala la experta, su estética es «muy especial y tiene un sello artesanal inconfundible», algo que siempre suma en estas ocasiones.

A decir verdad, que las novias lleven joyas antiguas es una práctica de lo más habitual, sólo que hasta ahora la práctica más común era recurrir al joyero familiar para perpetuar la tradición una generación más. «La idea original era rescatar aquella joya que siempre veías en tu abuela o en tu madre, o aquella joya que ha pasado por tres o cuatro generaciones de la familia en bodas y momentos especiales», nos cuenta Marisa, quien también aclara que es algo que «sigue prevaleciendo».

La joyería vintage, sin embargo, está pensada para aquellas mujeres que quieran participar de una historia quizás menos cercana, pero también para aquellas que no cuentan con esa tradición en su familia o que «no ve en los pendientes de su abuela la magia y/o belleza especial que le apetece lucir en su look de boda», como aclara la CEO de eme Jewels. «Para mi gusto, ambas opciones tienen un encanto único y ambas nos transportan a otro momento de la historia, trayendo consigo un simbolismo y un mensaje de continuidad y romanticismo», nos confiesa Marisa Hernández.

Cuáles son las joyas vintage favoritas y cómo llevarlas en una boda

Para la experta no hay dudas: los dos grandes favoritos dentro de esta tendencia son los pendientes y los broches, que es lo que las novias pretenden encontrar cuando deciden abrazar esta tendencia. Sin embargo, también apunta que «las sortijas son las grandes protagonistas cuando no son las novias quienes buscan joyas antiguas». En cuanto a cómo llevarlas, el consejo es sencillo: «Que el conjunto tenga sentido, es decir, ver lo que encaja bien con el vestido, el peinado y otras joyas o complementos. No significa que no podamos mezclar estilos diferentes, simplemente hay que medir bien los detalles».

Como es de esperar, el éxito de la joyería vintage ha hecho que el interés salte también a otros perfiles como el de invitadas de eventos. Para Marisa no hay ningún problema en que ellas también lleven estas joyas, de hecho, defiende que «Una boda es el mejor momento para ponerse cualquier pieza que nos guste y aprovechar para sacar del joyero aquellas que ‘dan más miedo’». Al hilo de esto, la CEO y directora creativa deja clara cuál es su postura al respecto: «Las joyas están para acompañarnos, no para ser guardadas en un cajón esperando un evento o momento especial porque, en ocasiones, ese momento no termina de llegar. Hay que vivir la vida en el día a día y que nuestras joyas participen en él con más naturalidad».


Marisa Hernández, directora creativa y CEO de eme Jewels


D.R.


La belleza de la joyería vintage: el poder de contar historias

Parte del encanto de la joyería vintage reside en que no son éstas las únicas que cuentan historias, ellas también pueden ser la excusa para narrar relatos de ensueño, y Marisa, gracias a su profesión, ha sido testigo de alguno de ellos. «Recuerdo con especial cariño transformar una pulsera familiar de oro blanco y diamantes en una tiara de novia, creando en nuestro taller una estructura para colocarla y desmontarla a posteriori en la boda. También recuerdo una novia enamorada de unos pendientes de nuestra colección vintage y su novio viajó desde Sevilla especialmente a por ellos, porque dijo que ‘o se casaba con esos pendientes o no se casaba’».

Para Marisa, «Trabajar con joyas vintage es tener un trocito de historia entre tus manos, un tesoro de otro tiempo que tiene el sello artesanal real y que ahora ha de ser restaurado con mucho mimo y paciencia, por otras manos y en otro tiempo, pero respetando la tradición artesana igualmente». Añade también: «Al mismo tiempo, da respeto, es una gran responsabilidad hacer modificaciones en las piezas con tanta historia y con tanto valor para su portador. En ocasiones, el valor es sólo económico, pero muchas veces además hay valor sentimental, y eso no hay dinero que lo pueda pagar».

Más allá de todo el valor histórico o emocional que pueda tener una de estas piezas, hay un aspecto que no se puede pasar por alto: el de la tradición. Y es que, según marca la sabiduría popular, las novias deben llevar en sus estilismos algo azul, algo nuevo, algo prestado y algo viejo. ¿Cumple esta tendencia con este último requisito? «¡Sin duda», afirma Marisa, «Una joya antigua puede ser (y muchas veces es) ese «algo viejo». Simplemente (las novias) deben hacerse una pregunta: ¿estoy comprando una joya antigua real o estoy comprando una pieza de una marca joven que trabaja un diseño inspirado en joyería antigua?».

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