Carla Domínguez

Hay joyas que guardamos porque tienen un valor especial y otras que, sencillamente, olvidamos en algún rincón del joyero. Los pendientes dormilona probablemente pertenezcan a las dos categorías. Durante años estuvieron asociados casi inevitablemente a la infancia: pequeños, cómodos, pegados al lóbulo y, en muchas ocasiones, con una diminuta piedra brillante, una perla o un motivo de oro.

Eran ese tipo de pendientes que nuestras madres escogían precisamente porque podíamos llevarlos prácticamente siempre. Y quizá por eso cuesta relacionarlos con una tendencia de moda. Sin embargo, basta observar cómo está cambiando la manera de llevar las joyas para darse cuenta de que aquella pieza aparentemente infantil encaja sorprendentemente bien con la estética adulta más elegante.

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Porque después de temporadas en las que hemos llenado las orejas de aros, ear cuffs, pendientes escultóricos y combinaciones de varios piercings, vuelve a apetecer algo mucho más sencillo: un pequeño punto de luz en el lóbulo y nada más.

El regreso del pendiente más discreto del joyero

Lo curioso es que este regreso se produce en un momento en el que la joyería parece moverse entre dos extremos. Las pasarelas de otoño de 2026 han recuperado pendientes enormes y escultóricos —con propuestas especialmente llamativas en firmas como Valentino, Saint Laurent o Dior—, mientras que, en paralelo, también vuelve esa joyería mínima y muy noventera que apenas se percibe.

En joyería, el término se utiliza habitualmente para hablar de pendientes pequeños y muy cómodos, pegados al lóbulo, muchas veces protagonizados por un diamante, una circonita, una perla o una pieza diminuta de oro. Su tamaño reducido explica precisamente esa asociación tradicional con pendientes que pueden llevarse durante horas sin resultar pesados.

De la infancia al minimalismo de los 90

Parte de su atractivo actual tiene también que ver con la recuperación constante del minimalismo de los años noventa. Frente a las joyas que buscan convertirse en protagonistas absolutas del estilismo, vuelve esa manera de vestirse en la que los accesorios simplemente acompañan.

De hecho, los pendientes pequeños y brillantes aparecen entre las joyas de inspiración noventera que regresan en 2026. Es fácil entender por qué al revisar los looks de aquella década: mujeres como Carolyn Bessette-Kennedy o Winona Ryder demostraron que un pendiente diminuto podía ser prácticamente el único accesorio necesario para completar un conjunto.

Es precisamente esa ausencia de esfuerzo la que vuelve a resultar atractiva ahora. Una camisa blanca, un jersey de cuello redondo, un vestido negro o incluso una camiseta básica pueden cambiar por completo cuando el único detalle que ilumina el rostro son dos pequeños pendientes.

Unos pendientes que también funcionan en la alfombra roja


Zendaya con pendientes estilo dormilona.


Gtres

La mejor prueba de que el tamaño de una joya no determina su sofisticación está también en las alfombras rojas. Este verano, por ejemplo, Zendaya eligió unos pendientes de diamantes pequeños para acompañar un espectacular vestido blanco de alta costura de Schiaparelli durante la promoción de The Odyssey. En lugar de competir con el vestido mediante una joya enorme, el pequeño brillo en las orejas terminaba de equilibrar el look.

Cómo llevar los pendientes dormilona ahora

La forma más elegante de recuperarlos probablemente sea también la más sencilla: un único pendiente pequeño en cada oreja, especialmente si lleva una piedra transparente que aporte un punto de luz. Diamantes, circonitas y otras piedras funcionan perfectamente, aunque las pequeñas perlas vuelven a ser otra opción especialmente sofisticada.

También pueden utilizarse para construir composiciones cuando tenemos varios agujeros en la oreja. En este caso, una dormilona puede convivir con un aro diminuto o con otros pendientes pequeños, aunque el resultado funciona mejor cuando se mantiene cierta limpieza visual.


Pendientes Minimal Simple de Paulet.


Paulet

Y tampoco tienen por qué ser idénticas a aquellas que llevábamos siendo niñas. Las versiones actuales juegan con monturas ligeramente más contemporáneas, piedras de diferentes tallas, oro amarillo, blanco o rosa y diseños geométricos extremadamente pequeños.

Quizá por eso resultan tan atractivas. En una temporada en la que parece que todos los accesorios deben tener algo especial para llamar nuestra atención, la joya que estamos recuperando es precisamente aquella que habíamos dejado de mirar. Un pendiente minúsculo, cómodo y aparentemente sencillo que llevábamos de niñas y que, varias décadas después, descubrimos que también puede ser uno de los más elegantes del joyero.

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