Existe una razón por la que las novelas candidatas al Premio Booker 2026 resultan tan interesantes: las selecciona un jurado que cambia cada edición y al que, en 2025, se postuló la mismísima Sarah Jessica Parker, ávida lectora. Este año, la presidenta del jurado es Mary Beard e incluye a Rebecca Liu, crítica del diario The Guardian y tan atenta a las cuestiones que preocupan a las mujeres como la propia Beard. Helena de nada, la novela de Makenna Goodman (Colorado, 1985) se sitúa en la órbita de ambas pero, sobre todo, en la de otro sobresaliente miembro del jurado: el cantante de Pulp, Jarvis Cocker.
«Quiero encontrar un autor que mire el mundo de manera diferente», confesó Cocker sobre su objetivo de lectura de los 163 manuscritosque se presentaron al Premio Booker 2026. Goodman puede ser esa autora con una novela, que se ha calificado como «salvaje». No porque cuente nada incivilizado, sino por la imposibilidad absoluta de controlar la experiencia de lectura. Y, también, por un final que ciertamente va más allá. Lo llamaremos ‘un giro kafkiano’. Y podemos leerlo ya gracias al buen olfato de la pequeña editorial Mutatis Mutandi.
Se puede avanzar la trama de Helena de nada, aunque como todos los buenos libros gran parte de la acción sucede en la sensibilidad de la que lee y va identificándose y desindentificándose, entendiendo y rechazando lo que cuenta, negociando con lo que representan los personajes. La misma forma de la obra así lo facilita: está estructurada en seis capítulos que se leen casi como monólogos que giran sobre los cuatro personajes de la novela: Hombre, La agente inmobiliaria, Helena y Mujer. En total, 140 páginas.
Han calificado Helena de nada como cuento moderno y así se siente, pues guarda entre sus líneas una enseñanza que no procede tanto de la pluma que escribe, como en los relatos clásicos, sino que debemos darnos a nosotras mismas. El protagonista, Hombre, es un académico y escritor cuya carrera gira alrededor de la idealización de la naturaleza, considerada una especie de paraíso ajeno a violencias y antagonismos en el que aguarda la felicidad. Cuando sus ideas son criticadas y rechazadas por las profesoras feministas, se ve retado por sus colegas y cae en desgracia.
Una novela sobre la cancelación del amor
Una de esas colegas es, por cierto, su propia esposa y antigua alumna. Con lo que el desacuerdo profesional se reproduce en el interior de la pareja, donde también afloran desajustes que terminan en separación. Aquí, la conexión entre feminidad y naturaleza alcanza rango filosófico. En otro hilo de la trama nos encontramos con La agente inmobiliaria y Helena: la primera es la agente de ventas de una casa en plena naturaleza que Hombre pretende comprar. Helena es su propietaria, una extraña anciana que parece haber vivido tal y como Hombre sueña y que, debido a su edad, reside en una residencia.
Como en los cuentos, la fina línea que separa lo racional de lo irracional se cruza sin pedir permiso a la autoridad, de ahí que haya quien considera la novela «extraña». Recomendada por escritoras que gustan de ensanchar los límites como Rachel Cusk, Sheila Heti o Jenny Offill, es a la vez un cuento de fantasmas al estilo Dickens y una actualización de la metamorfosis de Kafka, bajo el paraguas de la guerra cultural alrededor del género. Y la desesperada búsqueda de amor que no entiende de marcadores sociales, biológicos ni culturales y afecta al destino de lo humano.
El jurado del Premio Booker 2026: de izqda. a dcha., Patricia Lockwood, novelista y poeta; Rebecca Liu, crítica de The Guardian; Jarvis Cocker, cantante de The Pulp. Sentados, Raymond Antrobus, poeta y educador, y Mary Beard, catedrática de Clásicas en la Universidad de Cambridge.
d.r.
Aunque cada lectora habrá de negociar consigo misma lo que siente y piensa al respecto del destino de los personajes, algunas respuestas de Makenna Goodman al respecto de su escritura y de Helena de nada pueden resultar al menos sugerentes. Aunque no resuelven ninguno de los dilemas que propone su novela, cuya ambigüedad permite que nos alcance sin reservas. Nos responde pocos días después de encontrarse en la llamada lista larga del Premio Booker: «¡Todavía lo estoy procesando!», escribe. «Es un inmenso honor».
MUJER HOY: ¿Cómo se sitúa en el viejo debate sobre la posibilidad de una escritura femenina, feminista o propia de las mujeres?
MAKENNA GOODMAN: Me pregunto por qué no se habla más de que hay obras que se enmarcan dentro de una literatura ‘masculinista’. Sin duda, ser mujer tiene un gran valor, y yo estoy orgullosa de serlo. Pero, ¿es necesario expresarlo todo en términos de género? Creo que es una forma de seguir encasillando a las mujeres. Por supuesto, los términos son útiles, pero la literatura feminista da por sentado que la literatura, en sí misma, no trata sobre las mujeres ni está dirigida a ellas.
¿Cómo se relaciona con el canon masculino de la tradición literaria en la que se inscribe?
Me interesa profundamente la psique de todas las personas y descubrir las formas en que nos entrecruzamos en la experiencia de ser humanos. Escribo para dar sentido al mundo y a mi lugar en él. Por supuesto, se trata de un mundo que ha estado dominado por los hombres. Pero hay tantos niveles de dominación que van mucho más allá del género, y la literatura es un espacio importante para hablar de estas cuestiones.
La portada de Helena de nada es de Julio Fuentes y la traducción, de Cecilio Santiago Gómez.
D.R.
La identificación entre mujer y naturaleza es antigua y profunda. ¿Le influyó durante la escritura de la novela?
Me inspiran las mujeres que escriben sobre el mundo natural y que viven en estrecha relación con él. Tove Jansson, la escritora finlandesa, es un ejemplo maravilloso de una mujer más o menos contemporánea que escribió durante muchos años sobre su relación con una isla y sobre lo que esta le enseñó acerca del amor, de estar viva, del tiempo y del mar. También escribió sobre ello para los niños, de una forma maravillosamente filosófica. Hay muchos ejemplos de obras que sitúan a las mujeres en el centro de la naturaleza y sigo descubriéndolos.
¿Diría que su personaje masculino representa un caso de lo que suele denominarse masculinidad frágil en la Academia?
Es muy reconocible, y no solo en el ámbito académico. Y, sin embargo, es mucho más que un simple estereotipo. Es demasiado fácil reducir a las personas a la suma de sus defectos. Sin duda, el Hombre de mi libro tiene graves limitaciones. Pero, ¿es indigno de amor? ¿Es una causa perdida? Es fácil querer a alguien a quien es fácil querer. Pero, ¿cómo abrimos nuestro corazón y nuestra imaginación a aquellos que parecen tan indignos de ello? Parece casi una cuestión religiosa, pero creo que es una pregunta muy apremiante. Justicia, pero también perdón. Las contradicciones inherentes a ambos impulsos.
¿Qué interpretación de su novela le ha sorprendido más?
Hace poco estuve en un evento y todo el mundo quería hablar del final. Pregunté a los asistentes cuántos habían leído el libro y la mitad levantó la mano. «¿Qué creéis que pasó?», les pregunté. Cuatro de ellos ofrecieron sus interpretaciones, cada una de ellas diferente. Y tan diferentes… pero todas posibles. Todas ciertas. Es emocionante pensar que un lector puede superponer su propia conciencia al texto y decidir por sí mismo el destino del personaje. A algunas personas les puede parecer desesperante, pero a mí me parece emocionante. Y, de todos modos, pueden coexistir muchas verdades a la vez: buscar una única respuesta es, en sí mismo, una trampa.






