Mientras sigue habiendo mucho ruido en torno a la supuesta dominación woke del cine actual, la realidad es que se aprecia un movimiento pendular que está reduciendo la presencia de diversidad entre quien puede contar historias. Queda al menos la sensación de que muchas cineastas tienen que estar compitiendo en un nicho cada vez más pequeño y reducido.

Muchas voces nuevas conducidas hacia un terreno de cine muy mínimo, que a duras penas consigue distribución para poder llegar a un público al que claramente le beneficiaría una mayor variedad en las historias que se cuentan. Es así como acaban pasando bajo el radar películas como ‘La buena hija’, teniendo que resaltar por su cuenta entre decenas de estrenos semanales.

En medio del conflicto

Pero hay muchas cosas resaltables en la propuesta de la co-escritora y directora Júlia de Paz, que nos mete en un film de crecimiento adolescente inusual para hablar de la realidad de la violencia de género. Con Kiara Arancibia cargando buena parte de la película a sus espaldas en la que es una de las interpretaciones revelación del año, la película se puede ver en streaming a través de Movistar Plus.

Carmela tiene que mudarse a casa de su abuela con su madre después de que esta decidiese separarse de su padre. En esta nueva situación intenta mantener todavía una cercana relación con su padre, al que idolatra por su humor y su arte. Pero conforme pasa ratos a solas con él va observando dinámicas poco agradables que empiezan a explicar la ruptura de su familia.

De Paz, que previamente estuvo acreditada como parte del equipo de guion de la miniserie ‘Querer’, explora nuevamente esas heridas latentes producidas de un contexto familiar violento. Las dinámicas de género forman conflictos subyacentes bajo lo epidérmico, hasta que llegan momentos donde emergen a la superficie.

‘La buena hija’: la herencia recibida

La Buena Hija 2026

‘La buena hija’ es interesante por cómo afronta esta separación y esta violencia a través de alguien al que se intenta mantener todo el rato al margen de esas situaciones, o al menos que no sea testigo de ellas. Y también de alguien que está en proceso de maduración y descubrimiento personal, creando un demoledor conflicto de identidad por los miedos que surgen al considerar el dicho “de tal palo, tal astilla”.

El horror de la herencia recibida, de idolatrar alguien que no se conoce del todo, acaban articulándose estupendamente a través de la interpretación de Arancibia, que hace un gran trabajo corporal que resulta tan expresivo como su cara para plasmar los matices conflictivos de una mentalidad trastocada. Este espléndido trabajo logra aterrizar las ambiciones del relato, al igual que el uso de Júlia de Paz hace de espacios contenidos como un coche o una piscina.

Su tendencia en ocasiones a eliminar cualquier claroscuro que complique lo que se trata de contar, o cómo algunos personajes sólo tienen presencia para avanzar el desarrollo emocional de la protagonista, la separan de sacar su mejor versión. No por ello ‘La buena hija’ deja de tener momentos escalofriantes que la hacen notable.

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