Ángeles Castillo

La imagen del verano es un pueblo blanco junto al mar y un puerto con barcas de colores. Salvador Dalí, que pintaba con vistas a la pequeña bahía de Port Lligat, lo sabía. Y lo sabe también Sílvia Pérez Cruz, nacida en Palafrugell y criada al arrullo del ondulante y cadencioso ritmo de las habaneras. Esta añorada estampa, tan de islas del mar Egeo, míticas pero reales, se nos presenta en un rincón inesperado de Murcia, justo donde da comienzo la turística Manga del Mar Menor. Pero nada que ver. Cabo de Palos es un pueblo de pescadores típico que ha conservado milagrosamente su esencia. El entorno natural, desde luego, es privilegiado.

Cabo de Palos, en el cabo del mismo nombre, pertenece a Cartagena, como La Azohía, y es un lugar señalado en el mapa gastronómico a cuenta del famoso caldero, arroz cocinado en un caldo hecho con pescado de roca, recién llegado de la lonja, y ñoras, que se sirve en los restaurantes que salpican el puerto y el paseo marítimo. Marcando el paisaje se alza el imponente faro sobre un promontorio rocoso, donde en el siglo XVI hubo una torre vigía, de las que defendían la costa de los piratas. Se encendió por primera vez en 1865 y sigue funcionando aunque sin farero.

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El caldero hay que probarlo en el veterano Mosqui (Subida al Faro, 50), que es tradición, aunque también han puesto vanguardia a sus siete décadas de historia alrededor de los fogones. Ahora con el chef Sergio de la Orden a la cabeza, que lo sigue preparando a fuego lento como lo hacían sus abuelos Pepe y Visitación en los años cincuenta. En origen, como la fideuá, fue alimento de pescadores, que aprovechaban los descartes para cocinar el plato que hoy es santo y seña de la cocina del litoral murciano.

Dónde comer en Cabo de Palos

La ruta culinaria con sabor a mar puede seguir en CP8 (Plaza de la Barra, 8), que presume de ofrecer el auténtico sabor del Mediterráneo en cada bocado, con productos frescos de mar y tierra, de toque innovador, ambiente veraniego y vistas increíbles. Dicen incluso, a modo de lema, que «no se puede pensar bien, amar bien, dormir bien si no se ha comido bien». Veamos lo que proponen. Además del caldero, arroz de bogavante, de carabinero o pulpo, fritura de pescado, rodaballo plancha o gazpacho de cereza negra con trozos de gambón y pistacho.


Cabo de Palos, al ladito de La Manga, aún conserva su encanto marinero.


TURISMO CARTAGENA


Muy marinero también es el restaurante Bocana de Palos (C/Palangres, 1), donde hacen bandera del género fresco y de primera calidad. Como aperitivo se impone una marinera, la tapa murciana por excelencia, incluso cuando se está tierra adentro. Dura competencia de la mojama con almendras, las patatas chupa dedos con mejillones, el bocata del Cabo -pan de nube con ventresca asada- o el canelón crujiente de gamba roja hecho en casa.

Luego, se pasa a la ensalada de la huerta, de nuevo un canto a la tierra; a los arroces, de pollo campero, a banda, negro con ajetes o piñones; al emblemático caldero o a una fideuá de mar, y a platos tan propios como el pulpo a la cartagenera. Se hace imprescindible coronar la jornada con un postre asiático, «imitando al típico café cartagenero con texturas diferentes, gelatina cuajada y flan».

Cabo de Palos, paraíso del buceo

Al tiempo, más allá de darse un homenaje con los frutos del mar y recrearse con las casas blancas, los toques de azul y el mar de fondo, Cabo de Palos es el paraíso del submarinismo. Concretamente, la Reserva Marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas, cuyas aguas cristalinas albergan una más que alabada biodiversidad, con arrecifes, praderas de posidonia y pecios históricos. Muchos de estos restos se exponen en el ARQVA, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena.


Cabo de Palos es un paraíso del buceo y muchísimo más.


TURISMO CARTAGENA


Frente a estas costas hubo en tiempos numerosos naufragios, de ahí los pecios. El del Carbonero, hundido por un submarino alemán en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, o el del Minerva, un vapor de carga de bandera inglesa que chocó en 1899 contra el Bajo de Fuera, una montaña submarina. Lo mismo le pasó en 1906 al Sirio, el transatlántico italiano bautizado como el Titanic del Mediterráneo. En el accidente perdieron la vida más de 300 personas. Una tragedia que pudo ser aún peor de no ser por los pescadores, que hicieron más de 400 rescates.

De La Manga a Calblanque

Y luego están las playas y calas paradisíacas, como la de Levante, que une Cabo de Palos con La Manga. A un lado del faro se sitúa Cala Túnez, conocida como Cala Cuna. Y al otro lado, Cala Fría, desde donde sale un sendero que pasa por las calas de la Escalerica (Cala Roja), el Muerto, Cala Botella, Cala Mayor, el Cura y las Melvas, para llegar al puerto. Aquí empieza la playa de la Barra, que tiene su continuación en las calas Medina, Flores, el Descargador y Cala Reona.


El faro de Cabo de Palos se alza majestuoso sobre un promontorio.


TURISMO CARTAGENA


Esta última da paso a un auténtico paraíso, sin exagerar ni un ápice, el Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila. Hay dunas (fósiles y móviles), arenales, calas recónditas, acantilados y bosquetes de tetraclinis (cipreses de Cartagena), que son la joya botánica del parque. Además de carrascales, palmitares y unas salinas donde es un gusto observar a garcetas, avocetas, chorlitejos o archibebes y contemplar el atardecer.

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