Sandra Cárcel

Hay marcas que nacen tras un gran plan de negocio, mientras que otras simplemente suceden. Eso mismo le pasó a Janne Ibiza. Una firma que comenzó en los años 70, cuando Janne Heegaard, una joven diseñadora danesa, llegó a Ibiza con una máquina de coser y muchas ganas de hacer cosas nuevas. Para ponernos en contexto, era la Ibiza hippie, cuando las playas y el naturismo conviven con la moda, el arte y la música.

Y justo en una de ellas, en Ses Salines es donde ocurrió una anécdota que, sin saberlo, cambió el rumbo de su vida y el de su familia. Un hombre que no se sentía cómodo tomando el sol completamente desnudo le pidió si podía crear una prenda que le permitiera broncearse sin quitarse toda la ropa. Janne cogió unas sábanas, dibujó un patrón y confeccionó una pieza masculina a medio camino entre un tanga y un brasileño.

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Esa primera creación, que surgió de una manera inesperada, se convirtió en el principio de una marca con mucha historia. Sin campañas de marketing ni grandes inversiones de por medio, simplemente gracias al boca a boca. Poco a poco empezaron a llegar más personas que habían visto aquel diseño y que estaban interesadas en uno. Como explica Jasmine Heegaard Allen, hija de Janne y actual responsable de la firma, el crecimiento fue completamente natural. «Cuando ya había confeccionado varias y cada vez más personas se acercaban para pedirle una, comprendió que aquella creación espontánea podía convertirse también en una forma de vida y en un negocio», relata orgullosa.

Un bikini que también cuenta una historia

Más de cincuenta años después, aunque conservan su ADN, han ido evolucionando a través de sus vivencias personales y viajes. Marruecos aportó los brocados; Brasil, la licra y nuevas técnicas de confección; Ibiza y Formentera, la libertad de crear sin seguir tendencias. Pero sí que hay detalles que perduran y que además tienen un origen familiar, como la característica cuerda de licra, una de sus elementos más reconocibles. «Mi abuelo le enseñó a mi madre cómo hacer una cuerda y, muchos años después, ella adaptó aquella técnica a la licra. Esa cuerda une literalmente distintas generaciones», explica Jasmine.


Diseño de Janne Ibiza


D.R.


Cuando le preguntaba por qué sus bikinis siguen siendo diferentes al resto, lo tuvo claro: «La diferencia de un Janne Ibiza no está solamente en cuánto cubre, sino en cómo está cortado y cómo acompaña el cuerpo. No pretende esconder a la mujer, sino ayudarla a sentirse libre dentro de su propia piel».

La filosofía de la marca tampoco ha cambiado demasiado en más de cincuenta años que lleva. En un momento en el que la moda apuesta por fabricar cada vez más rápido, Janne Ibiza sigue confeccionando sus bikinis de forma artesanal y en pequeñas producciones. «No queremos crecer por crecer; queremos durar», resume Jasmine. Una idea que heredó directamente de su madre, quien siempre repetía que «una marca es como un olivo: debe crecer lentamente, fortaleciendo sus raíces, para poder vivir durante muchos años», nos cuenta Jasmine.


Diseño de Janne Ibiza


D.R.


Hoy es ella misma quien continúa aquel legado familiar con un reto: mantener con vida una marca con más de medio siglo de historia, encontrando en equilibrio entre conversar parte de sus raíces y aportar una mirada propia. «Continuar su historia no significa repetir exactamente todo lo que ella hizo, pero tampoco transformar Janne Ibiza hasta que deje de parecerse a ella.» Y claramente ha conseguido mantener esa esencia y acaparar las miradas de las redes sociales, convirtiéndose en una de las firmas de bikini más buscadas del momento.

Una historia de una familia, de una forma de crear y de una Ibiza que entendía la libertad como una actitud. Y quizá por eso Jasmine tiene claro cómo le gustaría que se recordara dentro de otros cincuenta años: «No como una marca de bikinis, sino como una manera de vivir que nació en Ibiza: libre, auténtica y sin miedo a ser diferente.»

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