Si hay un lema del feminismo que sobrevive a las generaciones, se repite en redes sociales y protagoniza pancartas en las manifestaciones del 8M es esta frase de Simone de Beauvoir: «No se nace mujer, se llega a serlo».

Sin embargo, ocurre algo curioso. Aunque probablemente sea una de las citas feministas más conocidas de la historia, también es una de las más descontextualizadas. Porque Beauvoir no estaba hablando de identidad de género en el sentido moderno ni creía que que el sexo biológico no existiera. De hecho, en el libro en el que aparece la cita analiza constantemente el cuerpo femenino, la menstruación, el embarazo o la menopausia.

Lo que estaba haciendo era algo que resultaba muy revolucionario en 1949: explicar que aquello que la sociedad entiende por «ser una mujer» no viene determinado por la biología, sino que se aprende. Y para entenderlo hay que volver al lugar donde escribió esa frase por primera vez.

el segundo sexo

La frase aparece al comienzo de un capítulo sobre la infancia

La célebre cita abre el segundo volumen de ‘El segundo sexo’, subtitulado ‘La experiencia vivida’. Es, de hecho, la primera línea del capítulo dedicado a la infancia.

Sin embargo, la frase completa dice mucho más que el fragmento que se ha popularizado:

«No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana».

Con esas palabras, Simone de Beauvoir introducía una idea que cambiaría para siempre la teoría feminista. Aunque sí creía en la existencia de un sexo biológico, defendía que no existe una esencia femenina con la que las mujeres nazcan de forma natural. O lo que es lo mismo, para la filósofa francesa, ninguna viene al mundo siendo dulce, sumisa, discreta, cuidadora o sacrificada. 

Esas características no forman parte de la biología sino que son expectativas, comportamientos y limitaciones sociales que se van incorporando poco a poco desde la infancia a través de la educación, la cultura y las instituciones.

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Cómo una niña aprende a convertirse en «una mujer»

Cuando Beauvoir escribió que «se llega a serlo» habla de un largo proceso de educación y transformación. Según explicaba en ‘El segundo sexo’, durante los primeros años de vida, niños y niñas exploran el mundo de una manera muy parecida. Ambos sienten curiosidad, juegan, descubren su cuerpo y desarrollan su personalidad. Es después cuando empiezan a aparecer las diferencias.

A través de la educación, la familia, la escuela, la publicidad, la cultura o los cuentos infantiles, las niñas reciben constantemente mensajes sobre cómo debe comportarse una mujer. Se les enseña qué es apropiado, cómo vestir, cómo hablar, qué emociones expresar y cuáles reprimir. En otras palabras, aprenden esos comportamientos con los que algunos creen que nacen. Por eso Beauvoir sostenía que la feminidad no era un destino biológico, sino una construcción cultural.

¿Por qué las mujeres aceptaban ese papel?

Esta frase tampoco puede entenderse sin otro de los conceptos centrales de la obra: la alteridad. Simone de Beauvoir observó que, históricamente, el hombre había sido presentado como el sujeto universal. El ser humano por defecto. La medida de todas las cosas. La mujer, en cambio, aparecía definida únicamente en relación con él.

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No era un sujeto independiente, sino «la esposa de», «la madre de», «la hija de». Su identidad se construía siempre como complemento de la masculina. Por eso Beauvoir escribió que el hombre ocupa el lugar del sujeto mientras que la mujer queda relegada al papel de «el otro»: alguien cuya existencia se explica únicamente en función de otra persona.

Una de las reflexiones más interesantes de ‘El segundo sexo’ es que Beauvoir no atribuye esta situación únicamente a la imposición masculina, también se pregunta por qué muchas mujeres aceptaban ese modelo. Su respuesta era incómoda incluso para su época. Defender la propia libertad implica asumir riesgos, incertidumbre y responsabilidad. 

Según la filósofa, en ocasiones, resulta más sencillo acomodarse al papel que la sociedad espera de una misma que enfrentarse al conflicto que supone desafiarlo. Eso no significa que Beauvoir culpabilizara a las mujeres de su situación. Al contrario. Lo que señalaba era hasta qué punto las normas sociales pueden llegar a interiorizarse cuando llevan generaciones transmitiéndose como si fueran naturales.

Giacomo Ferroni Rau50q Acs0 Unsplash Giacomo Ferroni

Una frase escrita hace más de 75 años que sigue generando debate

Más de siete décadas después de la publicación de ‘El segundo sexo’, uno de los grandes pilares fundacionales del feminismo, aquella frase continúa siendo objeto de interpretaciones, discusiones y, a menudo, simplificaciones.

Aunque lo cierto es que, en solo seis palabras, consigue cuestionar una idea que durante siglos se dio por evidente: que existe una manera «natural» de ser mujer. Beauvoir propuso mirar esa supuesta naturaleza con otros ojos y preguntarse cuánto de ella pertenece realmente a la biología y cuánto ha sido impuesto por la sociedad

Esa pregunta, más que la propia propia respuesta a un debate que todavía sigue vigente, es la razón por la que «No se nace mujer, se llega a serlo» sigue siendo una de las frases más influyentes de la historia del pensamiento feminista.

Foto de portada | Dominio público

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