Una reunión de verano con familia o amigos, un aperitivo al sol, una comida de domingo en vacaciones, una terraza al borde del mar o el patio de la casa de tus abuelos en el pueblo. Si dibujamos en nuestra memoria cualquiera de estas imágenes estivales, y hemos crecido en España, es muy probable que en todas ellas haya un detalle común: la reconocible botella de La Casera encima de la mesa. Porque este refresco burbujeante no es solo una bebida, es una parte fundamental de nuestra memoria colectiva. Y, también, un icono de la historia del diseño industrial y publicitario de nuestro país con una historia tan desconocida como curiosa detrás.
Con una fórmula perfecta que combina sabor, chispa, cercanía y grandes dosis de genialidad comercial, el éxito de La Casera no puede entenderse sin recorrer la historia de la familia Duffo, una dinastía de empresarios de origen francés con una visión adelantada a su tiempo que terminó convirtiéndose en la responsable de transformar la forma de beber de todo un país.
Los Duffo, los reyes de las burbujas en España
Liderados por el patriarca de la saga, Francisco Duffo Foix, la familia había logrado un importante éxito empresarial en la Barcelona de principios del siglo XX gracias a la importación de maquinaria para bebidas carbonatadas. Esta pasión por las burbujas les llevó a fundar Espumosos El Rayo y a protagonizar uno de los hitos más desconocidos de nuestra historia empresarial: fueron los encargados de introducir y embotellar por primera vez Coca-Cola en España durante los años 20 y 30, mucho antes de que la multinacional se asentara de forma definitiva en nuestro país.
Francisco Duffo Foix
La Casera
Ya con el siglo XX avanzado, en 1949 la familia Duffo decidió dar el salto definitivo y democratizar el consumo de refrescos en España lanzando su propia marca. Así, con una mezcla precisa y equilibrada de agua carbonatada, ácido cítrico y un toque de dulzor, crearon una gaseosa de fórmula ligera y fresca que no resultaba nada pesada al estómago y que encajaba a la perfección con la tradición gastronómica de nuestro país.
Además, y puede que ahí estuviera la clave de su éxito, se comercializó como un producto saludable (décadas antes de que lo healthy fuera tendencia mandatoria), de gran calidad y precio accesible. Por si fuera poco, se vendió como un refresco para toda la familia y su consumo pasó a convertirse casi en un ritual doméstico en la mesa, generando un vínculo de confianza muy arraigado con el consumidor gracias a su distribución inicial puerta a puerta.
Gracias a su gigantesca red de distribución, que llegó a contar con 40 plantas embotelladoras por toda la geografía, la empresa se convirtió en un imán para las grandes licencias internacionales de bebidas. Se hicieron con los derechos y la concesión en España de otras marcas míticas como la tónica Schweppes en los años 50 y, más tarde, en los 80, con las del refresco de lima-limón 7Up. Gracias a esta inteligente estrategia de diversificación de marcas, los Duffo no solo dominaban las mesas de comedor con su producto propio de La Casera, sino que controlaban casi todos los refrescos que se consumía en los bares de la época.
Los mejores anuncios de La Casera: de Julio Iglesias a un eslogan histórico
Otro de los grandes éxitos de La Casera ha sido, tradicionalmente, su estrategia publicitaria. Décadas antes de que el márketing de influencia se consolidara por obra y gracia de las redes sociales, la familia Duffo ya hizo de sus campañas con personajes públicos una de sus señas de identidad. Grandes figuras de la cultura pop española prestaron su rostro y su carisma a la marca, desde el humorista Gila con su inseparable teléfono hasta actrices de la talla de Penélope Cruz y Carmen Maura o el universo de Mortadelo y Filemón que revisitó Javier Fesser. La famosa gaseosa también «se coló» en el inolvidable 13, Rue del Percebe de Ibáñez, recreando de forma literal este icónico edificio de vecinos en una serie de spots televisivos que ganaron prestigiosos premios de publicidad y el aplauso unánime del público por su originalidad.
Pero si hay un anuncio y un personaje que siempre irán unidos a la historia de éxitos de La Casera es el inolvidable «esté donde esté» de Julio Iglesias en el verano de 1997. Una suerte del «What else» de George Clooney con Nespresso en versión española que el artista internacional acuñó al convertirse en embajador de La Casera Fresh. En este spot, el cantante, envuelto en ese ambiente de lujo y exclusividad que le caracteriza, aparecía relajado mientras explicaba, con esa frase ya mítica, que él siempre tomaba este refresco porque no había otro igual. Tan lejos llegó esta alianza estratégica que la firma de bebidas se convirtió en el patrocinador oficial de la gira del artista de aquel año, bautizada como «Únicos».
Si hablamos de éxitos en las estrategias de márketing, nada como que el eslogan de tu marca se mantenga durante años en el imaginario colectivo de una generación. Hablamos del Just do it de Nike; del I’m lovin it de McDonald’s; del Porque yo lo valgo de L’Oréal; el Think different de Apple y, por supuesto, el «Si no hay Casera, nos vamos» que los millenials seguimos pronunciando 45 años después (se lanzó en 1982) cuando un plan no nos convence.
Más allá de su sabor, lo que está claro es que, casi ocho décadas después, uno de los grandes éxitos de La Casera sigue siendo el haberse convertido en una marca que se ha ido reinventado con el tiempo y las modas, conectando con el público de forma intergeneracional y orgánica. Su publicidad se percibe casi como un entretenimiento y su posicionamiento en la mente del consumidor, nos devuelve siempre a casa, demostrando que hay tradiciones tan nuestras que nunca pierden la chispa de las burbujas.





