La ropa que nos ponemos tiene mucho más que decir de lo que podemos imaginar. Detrás de esas prendas que componen los estilismos de cada temporada se esconden siglos de historia, algunas con argumentos de lo más interesante. Con el verano a la vuelta de la esquina, nos atrevemos a mirar con curiosidad los imprescindibles de estos meses, y si hace poco te hablábamos del nacimiento del bikini hace 80 años, hoy le toca el turno a las chanclas, el calzado por excelencia de esta época del año cuya historia también merece la pena contar.
Lo que más destaca de las chanclas, y el motivo principal por el que se ha convertido en un calzado tan popular en los meses de calor, es por su sencillez y comodidad. Su diseño no puede ser más simple: una tira que cruza los dedos de los pies y que asegura la sujeción sin comprometer la libertad de movimiento, algo que se agradece especialmente en ocasiones más informales. Es cierto que, como todo, ha sido objeto de variaciones que han ido explorando su potencial, aunque su seña de identidad nunca ha dejado de ser esa sencillez que nos retrotrae inmediatamente a sus orígenes.
No en vano se dice de las chanclas que son el zapato más antiguo del mundo, y es que sus inicios se sitúan en el año 2.500 a.C., en la etapa mesopotámica, como revelan distintos restos artísticos en los que ya aparecen representadas. Paradójicamente, las chanclas nacieron como un zapato de gala reservado exclusivamente a las clases altas y fabricados en materiales como madera o esparto, algo que contrasta radicalmente con el uso que se le da a estos zapatos en la actualidad.
Pero, si las chanclas han sido tradicionalmente un zapato elegante, ¿cuándo empezaron a verse como la opción más adecuada para ir a la playa o la piscina? Para ello, debemos remontarnos a la Segunda Guerra Mundial, concretamente, a la llegada de los soldados estadounidenses a Japón. Los nipones de mediados de los años 40 defendían los zori – que así se llamaba esta versión de las chanclas – como un zapato reservado para momentos especiales, y los llevaban siempre con kimono y calcetines, ya que mostrar el pie era considerado un gesto indecoroso.
Ggigi Hadid con look de playa con chanclas
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Pero no era el ritual ni la sofisticación de la que pretendían dotar a los zori lo que llamó la atención de los soldados estadounidenses. Más bien, fue una suerte de envidia lo que se despertó en ellos al verlos como una opción tan confortable. Con el fin del conflicto bélico, los estadounidenses regresaron a sus casas y llevaron consigo varios pares de zoris a modo de regalo para sus familias. Este gesto fue todo un acierto y los zoris no tardaron en convertirse en una prenda de éxito en las playas de Estados Unidos, ya que las llevaban allí para evitar quemarse los pies.
En los años 60 el éxito de las chanclas traspasó las fronteras de norteamérica y fue creciendo en popularidad también en las playas europeas, especialmente en Italia, Grecia o España, coincidiendo con el boom de turistas americanos en estos países mediterráneos. Pero el éxito de las chanclas no solo llegó a Europa. En Brasil, la empresa Alpargatas, a la que pertenece Havaianas, reparó en el auge que estaban experimentando estos zapatos, y en 1962 lanzaron las primeras chanclas de goma. El éxito de esta creación a nivel mundial fue tal que en 1966 Havaianas registró la patente de estas chanclas de goma, que no tardaron en hacerse presentes en todos los continentes.
Poco a poco somos testigos de cómo las chanclas van recuperado, en cierto modo, ese carácter más formal con el que nacieron. Como consecuencia del devenir de las tendencias en estas temporadas, hemos visto cómo prendas más informales se cuelan en looks elevados y viceversa, como ocurre con este calzado. No es nada complicado encontrar propuestas en cuero o con ornamentos en nuestras marcas de confianza (con un resultado de diez en looks de ciudad), pero su éxito no se queda solo ahí, y es que las pasarelas y hasta las alfombras rojas son el escenario donde muchas celebrities e influencers se han encargado de poner de manifiesto el potencial reinventado de una chancla.
Leandra Medine Cohen luciendo unas chanclas en la première de El Diablo Viste de Prada 2
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De dónde viene el nombre de las chanclas
El nombre inicial de las chanclas que han llegado hasta nosotros no tiene nada que ver con el que las conocemos ahora. El cómo se pasó de zoris a chanclas también tiene su respuesta en la historia, concretamente, en ese boom que experimentó este calzado después de la Segunda Guerra Mundial. Con su entrada triunfal en el mercado norteamericano, empezaron a denominarse jandals, una mezcla entre Japón y sandals.
Pero no es el único nombre con el que se les conoce, y es que seguramente, si te hablamos de las flip flops, se te venga la misma imagen a la cabeza. En realidad, ambos términos son coetáneos, pues a la vez que se acuñó la palabra jandals, muchos empezaron a llamar a las chanclas flip flops en alusión al sonido que hacen al andar, una onomatopeya que refleja a la perfección ese carácter lúdico y relajado de este accesorio.
Por qué existe un día de la chancla
El tercer viernes de junio se celebra en muchos países, especialmente en América, el Día Nacional de la Chancla. En realidad, esta fiesta nace con un fin completamente festivo, en parte para anunciar la llegada y el fin de la temporada de zapatos cerrados y, en parte, para rendir homenaje al zapato que mejor representa la esencia de esta temporada. Sea como sea, que exista un Día de la Chancla nos lleva a pensar en la la importancia que estos zapatos han ido adquiriendo a lo largo de los años y cómo la moda no deja de estar al servicio de nuestras necesidades, reinventándose todas las veces que sea necesario para facilitarnos la vida y hacernos sentir cómodas y estilosas sea cual sea la ocasión.







