
Partidazo. De ida y vuelta. Dos equipos que propusieron. Esa podría ser la descripción del partido si solo se hubiera jugado el principio de cada tiempo y los últimos 10’ del match. Ambos se preocuparon más por hacer un encuentro más físico y trabado que por intentar poner la pelota en el piso y llevarse algo. Era un cruce que, por nombres, parecía un plan de viernes ideal para el futbolero. Pero el desarrollo fue todo lo contrario, y Ferro y Racing se llevaron un punto que dejó sabor a poco.
Es que claro, el Verdolaga tenía una oportunidad inmejorable: enfrentaba a una Academia diezmada y, de ganar, se hubiera trepado a la punta (a la espera de los partidos de Bolívar y Morón) con dos de ventaja. E l equipo local también necesitaba la victoria, pero no para mirar la parte de arriba, sino que era para escapar de la de abajo. Acumulaba tres derrotas seguidas y una sola victoria en los últimos nueve. La igualdad fue justa y no conformó a ninguno.
El desarrollo mostró a los de Nueva Italia con un poco más de ganas que fútbol, pero eso no le permitió quebrar la resistencia de Monetti, que tuvo que trabajar poquito, al igual que Olivera. Fue superior, pero con poco y nada. Destellos de Leandro Córdoba y algunas pinceladas de un Centurión que duró 45’ en cancha por decisión de la dupla.
Los de Caballito se acordaron tarde que podían y debían ganar. Un endeble Racing que apostó a la victoria sobre el final dejó espacios y casi lo pierde. Las más claras terminaron siendo para la visita. En el Miguel Sancho sonó el clásico «jugadores»: mucha bronca con el presente que vive el equipo.

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