Villanueva de los Infantes, capital histórica del Campo de Montiel, no solo es uno de los pueblos más bonitos de España, con uno de los conjuntos histórico-artísticos mejor conservados del Renacimiento y el Barroco manchegos, sino que está claramente bendecido por las musas. Lo dijo el propio Lope de Vega, el apodado Fénix de los Ingenios, cuando escribió aquello de «llámese Villanueva de las Musas y no de los Infantes Villanueva». El ilustre poeta y dramaturgo del Siglo de Oro no se anduvo con rodeos. Aquí se fraguó el Quijote y aquí murió otro principal de nuestras letras, Francisco de Quevedo.
Así que adentrarse en Villanueva de los Infantes es mucho más que hacer turismo al uso. Esto es un viaje literario con todas las letras. No en vano fue foco cultural en la época. La Casa de los Estudios, escuela de gramática, acogía las tertulias de este círculo intelectual. De ellas formaba parte Quevedo, alojado ocasionalmente en la casa del humanista Bartolomé Jiménez Patón, hasta que en abril de 1645 se mudó al convento de Santo Domingo desde su señorío de la Torre de Juan Abad.
No fue para mucho tiempo porque falleció el 8 de septiembre entre sus muros. Visitar la celda en la que se hospedó, donde se muestran algunos de sus últimos versos, aporta a los letraheridos una emoción indescriptible. En este convento, fundado en 1526, se puede ver la colección de la Fundación Francisco de Quevedo, con documentos manuscritos, un fondo bibliográfico de más de seiscientos volúmenes y obras pictóricas entre las que se encuentra un retrato del autor pintado por la abuela de Antonio Machado o litografías de Dalí y Picasso, amén de otras curiosidades.
Qué ver en Villanueva de los Infantes
Infantes siempre estuvo ligado a las letras. La venta de libros está atestiguada al menos desde 1572 y de aquí salió «la primera versión traducida del inglés al castellano de la Utopía (1516) de Tomás Moro», tal y como destaca María Ángeles Jiménez García, gran defensora del Campo de Montiel como escenario literario. Los hitos señalados, que pueden resultar excesivamente académicos, ayudan a tomar conciencia de la relevancia de la villa. Aquí también, como en Alcalá de Henares y en Almagro, hubo corral de comedias, del que se conserva tan solo una parte del dintel.
La celda del convento de Santo Domingo donde se hospedó Quevedo.
TURISMO VILLANUEVA INFANTES
Para colmo, la huella cervantina está presente en sus calles. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid publicado en 2005, con motivo del IV centenario de la publicación del Quijote, este sería el lugar de la Mancha del que Cervantes no quiso acordarse. Sale a la luz en el patio de la Casa de Rueda, que acoge el primer museo científico del mundo sobre el particular, con las conclusiones del citado informe y otros aspectos culturales en torno a esta gloria de nuestras letras, además de la Biblioteca de Don Quijote. Todo deliciosamente quijotesco.
Quijote y Sancho en la plaza Mayor
No es de extrañar entonces que las figuras del ingenioso hidalgo y Sancho campen a sus anchas en la plaza Mayor, acompañado uno de su Rocinante y el otro de su rucio. Se las debemos al escultor, pintor y vidrierista Juan Antonio Giraldo. La plaza combina soportales con columnas de piedra y edificios de los siglos XVI y XVII. A ella se asoma la Casa Consistorial, con las consabidas balconadas para los festejos, y la iglesia de San Andrés, con su imponente fachada clasicista, guardando en su interior joyas como un púlpito plateresco o un órgano romántico de época victoriana.
La casa del Caballero del Verde Gabán, escenario quijotesco.
TURISMO VILLANUEVA INFANTES
Esta ruta continúa en la calle Cervantes, cómo no, hasta dar con la casa del Caballero del Verde Gabán, donde el escritor encontró inspiración para la morada de Don Diego de Miranda. Esta casa infanteña, con patio al estilo castellano, columnas toscanas sobre zapatas y pozo, se describe en la obra cervantina como sigue:
«Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que, por ser del Toboso, le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea».
Palacios, iglesias y la Alhóndiga
Por lo demás, Villanueva de los Infantes está salpicado de hermosos palacios, muchos con los clásicos patios. Como el de Don Manolito, con un pequeño oratorio con bóveda policromada; el del Marqués de Melgarejo, con grandiosa fachada clasicista; el de Rebuelta, antigua casa solariega con corrales y bodega; el de Don Jeromito, con una amplia cueva, o el de los Ballesteros, que atesora un ara funeraria romana del siglo I d.C. Y no son los únicos.
La Casa de los Estudios, foco cultural del Siglo de Oro.
TURISMO VILLANUEVA INFANTES
En el ámbito religioso, además, hay que citar el convento de las franciscanas, el más antiguo (1521), del que queda la iglesia del Corpus Christi, con interesantes retablos; el convento de la Encarnación, del siglo XVI, que funciona como auditorio; la iglesia de la Trinidad, que formaba parte del antiguo convento de los trinitarios (1603); y el santuario de Nuestra Señora de la Antigua, a cinco kilómetros del casco histórico, en la margen derecha del río Jabalón, afluente del Guadiana, y luciendo portada barroca.
No podemos dejar de nombrar la Alhóndiga, que se levantó como pósito y casa de contratación en el siglo XVI; se convirtió en cárcel en 1719, y actualmente es Casa de Cultura y Biblioteca Municipal, además de sala de exposiciones y eventos culturales varios. No falta el patio, en cuyos pilares se ven inscripciones de los presos. La historia que acumula Villanueva de los Infantes, ese lugar de la Mancha, es monumental.







