Buenos Aires, abril de 2026 – A pesar del paso del tiempo, los efectos de la pandemia de COVID-19 continúan impactando en la vida cotidiana de las familias. Así lo demuestra un estudio académico reciente que analizó experiencias de hogares en Argentina, Chile y Ecuador, identificando patrones comunes que persisten en el tiempo.

“La pandemia terminó, pero sus efectos en la salud mental y la economía de las familias siguen muy presentes en los tres países”, señala Victoria Bein, doctora en Psicología e investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral.

La investigación, desarrollada a partir de entrevistas en profundidad a 60 hogares, evidencia que los problemas vinculados a la salud mental (como la ansiedad, la soledad y el malestar emocional) no solo se mantuvieron tras la pandemia, sino que en algunos casos se intensificaron. A esto se suman las dificultades económicas derivadas de la crisis, que siguen condicionando el bienestar de las familias.

“Uno de los hallazgos más claros del estudio es que, más allá de las diferencias entre países, las familias atravesaron experiencias muy similares: la salud mental y las dificultades económicas siguen siendo desafíos persistentes incluso después de la pandemia”, agrega Bein.

Uno de los hallazgos más consistentes del estudio es que estos efectos se registran en los tres países analizados, lo que refuerza la idea de un fenómeno regional con características compartidas. En este contexto, el trabajo advierte sobre la necesidad de atender las consecuencias persistentes de la crisis sociosanitaria desde una perspectiva integral.

Al mismo tiempo, la investigación identifica aprendizajes positivos que emergieron durante el período de confinamiento. El principal de ellos fue la valoración de la compañía y el apoyo emocional dentro del núcleo familiar. El concepto de “no estar solo” aparece como el más recurrente en los testimonios, reflejando el papel central de la familia como sostén frente a situaciones de crisis.

“Al mismo tiempo, emerge con mucha fuerza un aprendizaje transversal: el valor de no estar solos. La familia funcionó como un sostén clave para atravesar la crisis y sigue siendo un recurso central para el bienestar”, explica Bein.

Además, se registraron cambios en la dinámica cotidiana de los hogares, como una mayor comunicación, reorganización de roles y desarrollo de estrategias de adaptación que permitieron afrontar el contexto adverso. Estos aprendizajes, según el estudio, continúan influyendo en la vida familiar en la etapa posterior a la pandemia.

“El aprendizaje más claro fue simple y contundente: no estar solos hace la diferencia. Los vínculos familiares fueron clave para sostenerse en la crisis”, concluye Bein.

Los resultados también plantean desafíos hacia el futuro. Entre ellos, la necesidad de fortalecer políticas públicas orientadas al acompañamiento de las familias, especialmente en materia de salud mental y estabilidad socioeconómica, con el objetivo de mejorar la capacidad de respuesta ante eventuales crisis.

Metodología y autores

La investigación se basó en 60 entrevistas individuales semiestructuradas en profundidad realizadas a representantes de hogares de Argentina, Chile y Ecuador (21 en Chile, 17 en Argentina y 22 en Ecuador), seleccionados mediante la técnica de muestreo en “bola de nieve”. Las entrevistas, con una duración aproximada de entre 30 y 40 minutos, fueron analizadas mediante técnicas de análisis cualitativo de contenido, lo que permitió identificar patrones comunes, aprendizajes y desafíos persistentes en la vida familiar tras la crisis sociosanitaria.

 

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