El Ampurdán de interior, con sus pueblos medievales y su encanto rural, siempre enamora. No todo iba a ser Cadaqués, bahía de Port Lligat y Salvador Dalí, que es mucho. Esto es, dentro de Girona, el Baix Empordà, no el Alt Empordà. Lo que el gran Josep Pla llamó el «Empordanet petit», convencido de que «L’Empordà, como un todo, sobrepasa mis medios de percepción», mientras que «L’Empordanet se acerca a mi manera de ser, a mi vuelo corto, al gusto que me dan las cosas concretas y determinadas».
Así es Peratallada, quizá uno de los pueblos más bonitos y mejor conservados de España, y Vulpellac, que no anda a la zaga; ambos con su castillo-palacio y su singular iglesia. Y, completando el trío, Fonteta, a donde nos dirigimos, irresistiblemente encantador. Los tres constituyen desde 1977 Forallac, un municipio cuyo nombre se deriva de la primera, la segunda y la tercera sílaba escogidas de cada uno de ellos. Hasta en esto son pintorescos.
Como viajeros, lo más indicado es trazar este triángulo que se ubica entre la llanura ampurdanesa y el macizo de Les Gavarres, donde la presencia humana se remonta a hace más de 5.000 años, con dólmenes y menhires como testigos. En épocas ibérica y romana se habitaron los alrededores, y fue en la Edad Media cuando se llenó de vida organizándose en masías y parroquias. La naturaleza lo envuelve todo de tal modo que es un fantástico destino para celebrar la primavera.
Qué ver en Fonteta
Es llamativo que Fonteta aún conserve el empedrado antiguo de sus calles. Se agradece igualmente que la fuente que sirvió para bautizar al pueblo siga en funcionamiento, ajena al paso del tiempo, y en su sitio, junto a la bonita iglesia de Santa María. Todo apunta a que este templo, que hoy nos deja con la boca abierta, existía ya en el año 904. Su nave es románica, fechada en el siglo XI, aunque modificada con posterioridad, igual que la fachada de poniente, que, sin embargo, se abre con una puerta renacentista y un coqueto rosetón.
La iglesia de Santa María es de origen románico.
VISIT PERATALLADA
En torno a Santa María, según la costumbre, se organiza el urbanismo. Callejuelas estrechas, muy cuidadas y floridas, con casas de los siglos XVI y XVII, que lucen vigas y dinteles con inscripciones. Por todas partes se respira un aire campestre que seduce, muy de mantel a cuadros vichy, tertulia de sobremesa y velada a la luz de las velas.
Retirarse a una masía
Lo saben bien en Mas Generós, un alojamiento rural sostenible a la salida de Fonteta, a campo abierto, reivindicándose verde y salvaje, y brindando al huésped la posibilidad de «desconectar de la ciudad y conectar con las formas de vivir de antaño». No es un decir. Se trata de una masía del siglo XVII restaurada, con árboles frutales, huerto, jardín, sala de música, biblioteca, sala de yoga y piscina, que ya queda menos para el baño.
Desde el punto de vista histórico, Fonteta fue donada por Carlos el Calvo, nieto de Carlomagno, al obispo de Girona en 844. Después estuvo en manos de la baronía de La Bisbal, municipio del que se independizó en el segundo tercio del siglo XIX, para pasar después a integrar el ya mencionado Forallac. Su economía estuvo siempre vinculada a la explotación de los recursos naturales y la agricultura, trabajando las fértiles tierras de la llanura.
Así de encantadoras son las calles de Fonteta.
AJUNTAMENT FORALLAC
Para colmo, esta villa es puerta de entrada a los bosques típicamente mediterráneos de Les Gavarres, a caballo entre las llanuras del Empordà y el Gironès, y junto al litoral de la Costa Brava, con su promesa de mar y benditas calas. Pensemos que Begur está a solo catorce kilómetros, y quien dice Begur dice Aiguablava, Cala Sa Tuna y Sa Riera, por donde discurre, por cierto, el fabuloso Camí de Ronda, que serpentea mientras va dibujando el perfil costero.
Un lugar idílico
Nos podemos hacer una idea de su tamaño por el número de habitantes: un total de 1.790 componían el censo de Forallac en 2025. Concretamente, a Fonteta se le presuponen en torno a 250. Desde luego, un lugar idílico para vivir, por la propia naturaleza del núcleo urbano, pero también por su privilegiado entorno. El marco no podía ser mejor para apuntarse a la práctica del cicloturismo o el senderismo.
La iglesia románica de Santa Coloma de Fitor.
VISIT PERATALLADA
Una ruta de senderismo más que apetecible, dentro del paisaje suave y ondulado de Les Gavarres, es la que comienza en la iglesia de Fonteta y va hasta Fitor con la idea de visitar el pozo de hielo de Mas Cals y, sobre todo, la iglesia románica de Santa Coloma, un auténtico faro en medio del apabullante verde, y el conjunto megalítico, compuesto de más de cuarenta monumentos. Un recorrido circular de 15,8 kilómetros para descubrir el patrimonio histórico, cultural y natural de este enclave del Baix Empordà.
Como siempre, hay que hacer caso a Josep Pla, quien dejó escritas en El meu país (1968) sus impresiones de estas tierras: «Las montañas erosionadas del macizo del Montgrí, el verde intenso de los árboles de hoja perenne, alcornoques y pinos de los contrafuertes de las Gavarras y la llanura de cultivo, con la botánica del último curso del Ter que le hace de marco, todo ello formando una gran cazuela de forma viva, crea un conjunto de una gran belleza».






