Raúl Oscar Ceballos Cantón tenía 23 años cuando lo secuestraron de su casa del barrio Altamira, en Córdoba. Hacía apenas dos meses se había casado. Aquel 26 de agosto de 1976 fue capturado y su familia no volvió a saber nada de él. Raúl tampoco pudo saber que su esposa estaba embarazada. No llegaron a conocerse, pero Elizabeth Ceballos -su hija- lo buscó durante más de dos décadas.
A medio siglo del inicio de una de las épocas más oscuras de la historia argentina, y en la antesala del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia que hoy se conmemora, esa larga búsqueda encontró respuestas. “Tucho” -así lo llamaban-, es uno de los doce cuerpos cuya identidad fue restituida por el Equipo Argentino de Antropología Forense, como resultado de la identificación de parte de los restos que fueron encontrados a fines del 2025 en el predio del Centro Clandestino de Detención y Tortura La Perla.
Aún atravesada por la conmoción de la noticia recibida hace dos semanas, Elizabeth cuenta cómo transita estos días. Con la voz templada de quien sabe que la justicia siempre llega y que la lucha continúa, dialogó con Mano a Mano y aseguró que tiene sentimientos encontrados: entre “la alegría de encontrar a mi papá, de darle una identidad, y la tristeza de iniciar un duelo que nunca pude hacer”.
Antes de que la noticia se diera a conocer a los medios, el Juzgado Federal N°3 de Córdoba, donde el juez federal Miguel Vaca Narvaja lleva adelante la causa, se comunicó con los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado que dejaron de ser desaparecidos para recuperar su identidad.
– ¿Cuándo se enteraron de la identificación de sus restos?
– Nos enteramos la semana pasada (12 de marzo), el jueves el juzgado se comunicó con uno de los hermanos, mi tío, y le dieron la noticia. Y él me lo comunicó a mí. Al principio me quedé un poco mal, con algunas dudas, hasta que mi tía me muestra la notificación, me cuentan bien todo y obviamente dejo de dudar.
– ¿Qué te pasó por el cuerpo y la mente en ese momento?
– Fue muy movilizante, más allá de los sentimientos encontrados, a mí me ha dado mucha paz y tranquilidad porque fueron muchos años que busqué a mi papá.
– A 50 años, ¿qué representa finalmente encontrar la verdad?
– Creo que tengo mucha fe en que vale la pena buscar, poner la fe en Dios y en la Justicia para encontrar la verdad. Es eso: saber la verdad. No solo para mi papá, sino para todo el resto que sigue buscando y que aún no encuentra a su familiar desaparecido. Más allá de lo que se diga y que haya personas que crean que han sido “subversivas”, yo creo que nada justifica lo que hicieron. La justicia es la mejor manera de llevar la verdad a todos.
El paso del tiempo hace que reconstruir los 23 años de vida de Raúl no sea una tarea sencilla. Como quien intenta armar un gran rompecabezas, Elizabeth se apoya en los recuerdos de quienes lo conocieron para juntar pieza por pieza y conocer quién fue su padre.
– Contame sobre tu papá, sobre lo que pudiste reconstruir de su historia, ¿cómo era él?
– Él era una persona muy bondadosa, que le gustaba mucho estar con sus amigas y su familia. Le gustaba hacer reuniones o fiestas porque cantaba y tocaba el bombo, tenía un grupo de música. Con el hermano tocaban. Todos lo conocían porque militaba en la Juventud Peronista y hacía muchísimo trabajo social en el barrio. Siempre juntaba lo que se necesitara, desde ropa hasta juguetes, para poder donar. Lo que él quería era que la sociedad sea más justa. Así era mi papá. Después también era una persona muy estudiosa, cursó parte del secundario en el Monserrat y lo que no tengo certeza es de que se haya inscripto o cursado ingeniería (así aparece en el Archivo Provincial de la Memoria).
– Le decían “Tucho”, ¿pudiste saber por qué?
– Sí, le decían Tucho. Pero no sé por qué. Sus papás fallecieron y estoy tratando de armar lo más que pueda su biografía. Los familiares que están vivos recuerdan algunas cosas y otras no, así que estoy tratando de saber más sobre él.
– ¿Cuándo te involucras en su búsqueda?
– En realidad la búsqueda la comienzo yo, porque los familiares no querían hacerlo. Tenía veinte años, así que hace más de 20 que lo busco. Lo primero que hicimos fue hacer una donación de ADN de su mamá, de sus hermanos y mío. Después de eso comenzó la investigación, que cuando me recibí de abogada la seguí yo. Yo no lo conocí, nunca lo vi ni nada, pero siempre tuve dentro mío esa cuestión de, obviamente, poder encontrarlo.
– En la conferencia que se hizo pediste que quienes aún buscan a un familiar se acerquen. ¿Persiste hasta hoy el miedo de dar ese paso?
– Por supuesto, creo que es bueno que la gente tenga más información. Hay mucho silencio que viene de lo vivido, hay gente que no quiere hablar porque tiene realmente mucho dolor en el corazón. Hay gente muy buena a la que le pasó esto que es totalmente injusto y no quieren que se sepa. Por eso creo que se tiene que difundir más información de cómo es el proceso para que no sientan miedo. Yo soy abogada y a mí me gustaría poder ayudar con quien tuviera la inquietud de buscar a ese familiar que aún le falta.
– ¿El haber estudiado abogacía tiene que ver con haber crecido buscando justicia?
– Y… capaz que sí. Sí. Siempre tuve esa inclinación, pienso en mi papá que en su vida los derechos eran lo más importante. Dio su vida por eso. Y además me gustó también, me gusta y amo mi profesión. Pero van de la mano creo.
En tiempos donde los discursos negacionistas intentan ganar terreno, el motor de Elizabeth se mantiene lejos del odio. Su búsqueda no se apoyó en el resentimiento, sino en una necesidad de encontrar justicia para comenzar a cerrar una herida dolorosa. “Creo que la venganza no lleva a buen camino. La justicia sí. El saber que los juicios se hicieron, más allá de que condenas hubo, creo que lo importante es saber qué pasó”, aseguró.
El negacionismo contemporáneo interpela la memoria histórica, cuestiona la cifra de los 30.000 y las políticas públicas de derechos humanos. Ante esos discursos, para Elizabeth se necesita información.
“Me gustaría que se informe muchísimo más. Que la gente que fue víctima del terrorismo y sobrevivió sea reconocida y protegida para conocer la verdad y seguir adelante con sus vidas. Hay mucha gente que no pudo seguir con su vida. Entonces hay que resguardarlos social y políticamente para que cada persona pueda acercarse, donar ADN y recorrer el camino para encontrar a ese familiar que hasta hoy falta. Es lo justo”, sostuvo Elizabeth.
– ¿Qué falta para poder darle un cierre a esta larga búsqueda?
– Todavía no nos han dicho, pero nos van a notificar cuándo podremos buscar los restos. Nuestra decisión es darle su merecido descanso, cerca de su padre y madre, y poder tener un lugar para él. Lo más importante es saber que mi papá descansa en paz.




