En la lista de Pueblos Más Bonitos de España figura un rincón de Albacete que lo tiene todo para conquistar a todo aquel que lo visita. Alcalá del Júcar es uno de esos lugares donde el encanto desborda mires hacia donde mires, gracias al trabajo que la naturaleza ha hecho en él y al impacto que el paso del tiempo ha dejado a través de edificios históricos con un aspecto de lo más peculiar.
La llegada de la primavera es el momento perfecto para visitar este pueblo albacetense y disfrutar, especialmente, del paraje natural que le rodea con un fuerte protagonismo del río Júcar y los cañones que ha ido formando. La mejor forma de contemplar esta estampa es desde los miradores que se reparten por toda la población o desde su playa fluvial, que ofrece una preciosa panorámica de su casco antiguo.
Y es que Alcalá del Júcar no solo es un paisaje bonito con un legado geológico impresionante, también es un lugar lleno de historia viva en el patrimonio que aún sigue en pie y que invita al turista a conocer de primera mano sus momentos de esplendor. Lo más interesante de todo es cómo, a lo largo de los siglos, naturaleza y arquitectura han ido creciendo de la mano para crear enclaves majestuosos que son auténticos emblemas de este tesoro de Albacete.
Interior de las Cuevas de Masagó
@cuevasdemasagoydelduende
El mejor ejemplo de ello lo encontramos en el mismo casco antiguo de Alcalá del Júcar. Hablamos de sus casas cueva, viviendas excavadas directamente en la montaña y que se funden a la perfección con el paisaje, una práctica que se remonta a la época del dominio árabe. La apariencia exterior no difiere mucho de una vivienda tradicional, pero la sorpresa esta cuando nos adentramos en ellas y descubrimos cómo la caliza se vuelve habitable en distintas estancias que, a lo largo de los años, han hecho las veces de dormitorio, cocina o refugios para el ganado.
Muchas de estas casas cueva estás abiertas a la visita del público. Entre las más populares encontramos las Cuevas de Masagó y del Duende, ambas conectadas entre sí y las únicas cuevas que se conservan talladas a mano y con vistas directas a la hoz del Júcar. En su interior es posible visitar desde varios museos hasta un bar o una bodega de la Edad Media. Además, podrás conocer de primera mano cómo es la sensación de vivir dentro de la montaña, pues también cuenta con opciones de alojamiento que van a enriquecer muchísimo tu experiencia.
Castillo De Alcalá del Júcar
Servidor web Castillo Alcalá del Júcar
Un castillo árabe de leyenda
El momento cumbre de la historia de Alcalá del Júcar fue la época de los musulmanes, que dejó una impronta única. El mejor ejemplo se encuentra en lo alto de una peña formada por la propia hoz del río, coronando la estampa de la localidad y proporcionando una vista única de todo el pueblo. Hablamos del castillo de Alcalá del Júcar, una fortaleza almohade construida entre los siglos XII y XIII cuya principal seña de identidad es su torreón pentagonal de estilo islámico.
Siglos custodiando este pueblo han dado pie a que nazcan leyendas entorno a esta imponente construcción. La más famosa es la de Zulema, una princesa cristiana que, ante la insistencia del moro Garadén por pretenderla, acabó arrojándose desde lo alto del castillo con el fin de preservar su fe. Otras versiones de la misma historia afirman que la princesa Zulema era de origen musulman, y el caballero, cristiano. En cualquier caso, esta historia forma parte del encanto y el misticismo que envuelven al castillo de Alcalá del Júcar y que lo hacen aún más especial.
Otras visitas imprescindibles en Alcalá del Júcar
Pero el castillo no es el único monumento emblemático que podemos encontrar en Alcalá del Júcar. Otro de los más importantes es el puente romano quien, a pesar de su nombre, fue construido siglos después de esta épcoa. En realidad, se trata de una obra levantada entre los siglos XIV y XV y reformado en varias ocasiones posteriormente, eso sí, siguiendo una estética que recuerda a la de los puentes romanos tradicionales.
Desde este puente se pueden disfrutar de preciosas vistas de las montañas, el castillo o la iglesia parroquial de San Andrés, construida entre los siglos XVI y XVIII y que presume de tener un espectacular pórtico de estilo neoclásico. Más adentrados en el pueblo, nos encontramos con otro de los edificios más singulares de este pueblo: su plaza de toros, que en lugar de tener la clásica forma circular, presenta un trazado irregular de lo más curioso que llama la atención de todo el que se acerca a visitarla.







