
Ante Sarmiento, Aníbal Moreno fue amo y señor del mediocampo. Manejó los hilos, jugó e hizo jugar, y fue el termómetro futbolístico de Riveren un partido que exigió paciencia y lectura táctica. Desde el círculo central ordenó cada ataque y se encargó de darle ritmo al equipo, alternando pausas con cambios de frente precisos para romper el bloque defensivo rival.
El propio volante explicó cómo encaró el encuentro y cuál fue su rol dentro del funcionamiento colectivo. “Trato de entender los movimientos de mis compañeros que están adelante mío y manejar los tiempos atrás. Hoy Sarmiento se paró muy bien, traté de no correr tanto y darle pase a mis compañeros”, contó tras el partido, describiendo el equilibrio que buscó entre posicionamiento, distribución y lectura del juego.
Y los números respaldan su actuación. Moreno firmó una planilla que reflejó su influencia: 87% de pases efectivos, cuatro pases claves y una asistencia que terminó siendo determinante en el desarrollo del encuentro. Además, se animó a pisar el área rival con cinco remates y mostró su precisión en los cambios de frente, completando 7 de 8 pases largos.
El mediocampista también destacó la dificultad del rival y la paciencia que necesitó River para encontrar los espacios. “River tuvo paciencia. Nos encontramos con un equipo que marcaba bien los espacios, fue una victoria importante”, analizó, en referencia a un partido que por momentos se jugó más en la disputa física que en la fluidez del juego.
Porque, tal como él mismo remarcó, el trámite fue áspero desde el inicio. “Fue un partido muy disputado, con pelotas divididas intensas”, señaló. En ese contexto, su lectura para bajar revoluciones cuando el partido lo pedía y acelerar cuando aparecía el hueco terminó siendo clave. Y si River terminó celebrando, mucho tuvo que ver el hombre que, desde el mediocampo, manejó cada hilo del partido.





