En teoría ganar un Oscar podría decirse que es el equivalente cinematográfico de desbloquear una nueva pantalla si la vida real fuera un videojuego. Se supone que la estatuilla trae bajo el brazo prestigio, visibilidad a nivel global y, sobre todo, llamadas para trabajar con los directores más interesantes del momento y libertad para poder elegir proyectos y negociar mejores salarios… ¿No?

Pues no necesariamente porque algo de lo que se habla menos es que, en la práctica, para muchas actrices y actores ese momento de gloria termina funcionando casi como una cima tras la que solo se puede descender. Para muchos actores ha supuesto un punto de inflexión que, en lugar de disparar su trayectoria, marcó el inicio de una etapa laboral inestable e irregular. Es un fenómeno tan habitual que en Hollywood tiene hasta nombre propio: la maldición del Oscar.

Aunque lo curioso es que este patrón suele darse con mucha más frecuencia en mujeres que en hombres. Después del premio, el sistema simplemente no sabe qué hacer con ellas y ese ansiado premio se acaba viendo más como el culmen de una carrera y no como el comienzo de una nueva etapa. Esa misma lógica, por otro lado, se aplica menos a los hombres de la industria. Como grandes ejemplos tenemos los nombres de actores como Matthew McConaughey (que tras el premio dejó atrás su eterna fama de chico de comedia romántica), Leonardo DiCaprio o Daniel Day-Lewis que han seguido ampliado su prestigio y libertad creativa después de ganar el Oscar. 

Dallas Buyers Club Movie Shot

Un problema estructural: hay menos papeles

Diversos estudios académicos sobre la industria cinematográfica llevan años señalando un factor estructural detrás de este fenómeno: hay menos papeles protagonistas para mujeres. Informes del la Iniciativa de Inclusión Annenberg  de la USC y del Centro de Estudio de la Mujer en la Televisión y el  Cine muestran que, incluso en el cine comercial reciente, los personajes femeninos solo representan aproximadamente un tercio de los roles protagonistas.

Además, esa desigualdad aparece tanto en número de personajes como en su diversidad narrativa. Las historias centradas en hombres siguen dominando gran parte de la producción comercial, lo que significa que incluso una actriz ganadora del Oscar compite por conseguir un abanico mucho más reducido de roles.

La edad también juega un papel determinante. Hollywood lleva décadas mostrando su preferencia a ofrecer papeles protagonistas a hombres de más edad mientras reduce drásticamente las oportunidades para mujeres a partir de los cuarenta. Los datos de los análisis de Martha M. Lauzen, directora del Centro de Estudio de la Mujer en la Televisión y el Cine, muestran que la mayoría de personajes femeninos importantes están en sus 20 y 30 años (60%), mientras que solo 16 % están en sus 40.

Maxresdefault Ellen Burstyn en ‘Requiem por un sueño’, por la que fue nominada al Oscar

En cambio, los personajes masculinos se concentran más en sus 30 y 40 años. Estadísticas del sindicato SAG-AFTRA confirman una tendencia similar: los actores mayores de 40 obtienen muchos más papeles protagonistas que las actrices de la misma edad.

Otra consecuencia indirecta de esto es que el margen de error para las actrices es mucho menor. Por lo tanto, un proyecto fallido o una mala elección puede tener consecuencias mucho más duraderas en su carrera.

El encasillamiento del sufrimiento

No obstante, hay otro patrón curioso y es que muchas actrices ganan el premio por papeles extremadamente intensos, a menudo vinculados al sufrimiento. Personajes traumatizados, víctimas de violencia, madres desesperadas o mujeres que atraviesan experiencias límite. Son interpretaciones poderosas, pero también difíciles de repetir sin caer en el encasillamiento.

Después del premio, muchas actrices han descubierto que los guiones que reciben son variaciones del mismo arquetipo. Es decir, el mismo tipo de papel que les dio el Oscar… una y otra vez. La industria tiende a asociar su identidad profesional con ese registro concreto, lo que limita la posibilidad de explorar otros géneros o tonos. Al final, el éxito y el reconocimiento terminan convirtiéndose en una jaula.

Black Swan Movie Film Best Movies Ever Natalie Portman Image Natalie Portman en ‘Cisne negro’, con la que ganó el Oscar

Hilary Swank: dos Oscar y una carrera irregular

Si hay un caso que suele aparecer en los debates sobre la «maldición del Oscar” es el de Hilary Swank. Pocas actrices han acumulado tanto prestigio en tan poco tiempo como ella y aun así su carrera posterior ha sido sorprendentemente irregular.

Swank ganó su primer Oscar a mejor actriz en 2000 por ‘Boys Don’t Cry’, una interpretación intensísima en la que encarnaba a Brandon Teena, un joven trans asesinado en Nebraska. La película la convirtió de la noche a la mañana en una de las actrices más respetadas de su generación. Cinco años después volvió a ganar el mismo premio por ‘Million Dollar Baby’. Con apenas 30 años, Swank tenía ya dos Oscars, algo extremadamente poco habitual.

Ese tipo de reconocimiento debería haberle garantizado una carrera de primera durante décadas. Sin embargo, la trayectoria posterior de Swank ha tenido muchos altibajos. Durante los años siguientes protagonizó películas con resultados muy desiguales (como ‘La cosecha’, ‘Amelia’ o ‘Deuda de honor’) sin volver a entrar en la conversación de la misma manera.

Hillary Swank 1 756421aa09864fe796d97e4ece162459 ‘Boys Don’t Cry’

Aunque la propia actriz ha explicado que, después de sus Oscars, su prioridad durante un tiempo fue cuidar de su padre tras un trasplante de pulmón, su caso ilustra cómo ganar el Oscar por interpretaciones extremadamente intensas puede terminar encasillando a quien las interpreta. 

Swank se hizo famosa por personajes físicos, dramáticos y emocionalmente devastadores. Después del premio, muchos de los proyectos que le ofrecían se movían dentro de ese mismo registro, lo que limitaba las posibilidades de reinventarse en otros géneros. El resultado es una paradoja  en la que una actriz con uno de los logros más raros del cine contemporáneo tiene una carrera posterior que nunca termina de asentarse.

Halle Berry: el Oscar que no cambió nada

Monstersball ‘Monster’s Ball’

Probablemente, el caso de Halle Berry sea uno de los mejores ejemplos. En 2002 hizo historia al convertirse en la primera mujer negra en ganar el Oscar a mejor actriz por su papel en ‘Monster’s Ball’. Su discurso de aceptación, por consiguiente, se convirtió en uno de los momentos más emblemáticos de estos premios. También parecía marcar el inicio de una nueva era. Pero no lo fue.

Dos décadas después, la propia actriz ha reconocido que el premio no transformó su carrera como esperaba. Tras ganar el Oscar pensó que los guiones llegarían en avalancha. «Pensé que habría un camión lleno de guiones delante de mi casa», explicó en una reciente entrevista con ‘The Cut’. Pero nunca ocurrió. «Aunque estaba increíblemente orgullosa, a la mañana siguiente seguía siendo una mujer negra«, recordó. Según Berry, muchos directores seguían planteándose si elegir a una actriz negra cambiaría toda la narrativa de la película o la percepción comercial del proyecto.

De hecho, más de veinte años después ella sigue siendo la única en haber ganado el Oscar a mejor actriz protagonista. No obstante, este año se ha producido un hito histórico al haber dos mujeres negras nominadas a la vez en la categoría de Mejor actriz de reparto: Teyana Taylor (‘Una batalla tras otra’), Wunmi Mosaku (‘Sinners’). 

Mira Sorvino: de ganadora a persona non grata

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Si el caso de Berry habla de los techos de cristal de Hollywood, el de Mira Sorvino muestra algo todavía más oscuro. Ganadora del Oscar a mejor actriz de reparto en 1996 por ‘Poderosa Afrodita’, su carrera pegó un frenazo abrupto pocos años después. Y eso que, además del aval de la Academia, tenía talento y presencia hegemónica. Durante mucho tiempo nadie entendió el porqué.

La explicación llegaría décadas más tarde, gracias al movimiento #MeToo. El director Peter Jackson reveló en 2017 que el productor Harvey Weinstein había calificado a Sorvino como una actriz «difícil» y presionado para evitarla a toda costa, lo que contribuyó a que no la contratara para proyectos como ‘El señor de los anillos: La comunidad del anillo’. 

El motivo es que la actriz había rechazado tener encuentros sexuales con Weinstein, y el productor la vetó profesionalmente. Durante años, se interpretó ese silencio como falta de interés de la industria pero su caso fue el del clásico castigo invisible que ahora sabemos que muchas sufrieron.

Mo’Nique: el precio de decir lo que no conviene

precious Mo’Nique en ‘Precious’

Mo’Nique ganó el premio a mejor actriz de reparto en 2010 por su interpretación brutal y muy celebrada en ‘Precious’. Su personaje era el de una madre abusiva y devastadora ha quedado como una de las actuaciones más impactantes de aquella década. Sin embargo, pocos la recuerdan ya.

Poco después de su victoria, Mo’Nique denunció públicamente a los productores de la película y a figuras influyentes de Hollywood por exigirle que promocionara el film sin recibir compensación económica adicional. Sin embargo, en Hollywood, las relaciones personales pesan tanto como el talento y señalar prácticas injustas puede convertirse en una forma de aislamiento profesional. La propia actriz relató que el director Lee Daniels le dijo que había acabado en una lista negra por no seguir las reglas no escritas del sistema.

En entrevistas posteriores, la actriz también ha explicado que esperaba que el Oscar trajera «más respeto, más opciones y más dinero», pero ero el resultado fue el contrario: su presencia en Hollywood disminuyó hasta quedarse prácticamente en cero.

Rev 1 Gch209a 191982r High Res Jpeg Wunmi Mosaku en ‘Pecadores’

¿Podría volver a pasar?

Algunos analistas del circuito de premios han señalado que algo parecido podría volver ocurrir este año con Wunmi Mosaku, una de las actrices que más atención está generando durante la temporada actual por su papel en ‘Pecadores’. Su talento es incuestionable y su presencia en pantalla magnética, pero acabamos de ver en detalle cómo la historia reciente de Hollywood invita a mirar el triunfos de determinados perfiles con cierta cautela.

Su victoria en los BAFTA podría haber aumentado de forma inmediata sus probabilidades en los Oscar, porque siete de los últimos diez ganadores del BAFTA en dicha categoría también terminaron ganando el Oscar. Sin embargo, esto también la puede convierte en un ejemplo de manual de «ascenso rápido» propiciado por el marketing y la narrativa del momento en medios.

La atención mediática y las campañas de premios influye en el éxito percibido de una película y en su recepción pública, pero también muestra que ese impulso está fuertemente correlacionado con factores de publicidad y percepción más que con méritos permanentes. Es decir, la visibilidad en la temporada de premios puede ser intensa y efímera, sin garantizar un éxito de largo plazo.

Así que, sí, el de Wunmi Mosaku podría pasar el próximo domingo a engrosar la escueta lista de actrices negras que han ganado un Oscar, pero también puede significar meter su nombre en una coctelera llena de factores que juegan en su contra. Como ahora ya sabemos, el Oscar no siempre es el principio de algo, a veces solo es un momento de visibilidad excepcional que después resulta difícil de mantener.

Foto de portada | Sgt. Michael Connors y Manfred Werner

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