La madrugada en Medio Oriente marcó un punto de quiebre. Israel, con respaldo explícito de Estados Unidos, lanzó un ataque aéreo de gran escala contra objetivos estratégicos en Irán. Varias horas después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump confirmó públicamente la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, y describió la operación como un “acto de justicia”.

El impacto político y militar fue inmediato: misiles iraníes ya alcanzan territorio israelí, con explosiones en Tel Aviv y sirenas activadas en distintas ciudades. La región vuelve a entrar en una fase de máxima tensión, con riesgo de extensión a otros países del Golfo.

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A través de un mensaje en su red social Truth Social, Trump aseguró que el ayatolá Jamenei —a quien calificó como “uno de los hombres más malvados de la historia”— murió en la operación coordinada con Israel. “Esto no es sólo justicia para el pueblo de Irán, sino también para todos los estadounidenses y para las personas de muchos países del mundo”, escribió el mandatario, quien sostuvo que el líder iraní no pudo “escapar a nuestros sofisticados sistemas de rastreo”.

Previamente, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu había hablado de “numerosos indicios” sobre la muerte del líder supremo, aunque sin confirmación formal. Según el gobierno israelí, el complejo donde operaba Jamenei fue destruido y también fueron abatidos comandantes de la Guardia Revolucionaria y altos responsables del programa nuclear iraní.

La respuesta iraní: misiles y advertencias

Teherán reaccionó con una contraofensiva casi inmediata. Las autoridades iraníes afirmaron haber lanzado una oleada de ataques contra bases militares y el Ministerio de Defensa de Israel. El ejército israelí confirmó la detección de misiles disparados desde Irán y activó las alarmas antiaéreas en distintas zonas del país.

Explosiones se registraron en Tel Aviv y otras ciudades israelíes. En paralelo, se reportaron detonaciones en Abu Dabi, Qatar y Bahréin, donde operan bases militares estadounidenses, incluida la V Flota en el Golfo Pérsico. El gobierno de Bahréin confirmó que instalaciones vinculadas a la flota norteamericana fueron alcanzadas por misiles, en lo que sería una ampliación directa del conflicto.

Más de 200 muertos en Irán

El Comité Internacional de la Cruz Roja en Irán informó que los bombardeos dejaron al menos 201 muertos y 747 heridos en 24 de las 31 provincias del país. La Media Luna Roja iraní confirmó cifras similares mientras continúan las tareas de rescate. Medios estatales iraníes reportaron explosiones en Teherán, Qom, Isfahán, Kermanshah y Karaj. Aunque inicialmente funcionarios iraníes habían afirmado que Jamenei se encontraba en un “lugar seguro”, el mensaje de Trump reconfiguró por completo el escenario político y estratégico.

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La ofensiva se produce tras semanas de creciente tensión por el programa nuclear iraní. Trump había ordenado el despliegue de una flota de combate hacia la región y amenazado con ataques si Teherán no aceptaba frenar su desarrollo nuclear. En un mensaje en video, el presidente estadounidense afirmó que el objetivo era “destruir sus misiles y arrasar su industria misilística” y exhortó al pueblo iraní a “tomar el control de su gobierno”. Netanyahu, por su parte, habló de una operación destinada a eliminar una “amenaza existencial” para Israel y aseguró que la acción conjunta “creará condiciones para que el pueblo iraní tome su destino en sus manos”.

Llamado a la moderación

Ante la magnitud del conflicto, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), conducido por el argentino Rafael Grossi, pidió “moderación” para evitar riesgos adicionales en materia de seguridad nuclear. El escenario, sin embargo, parece haber superado la fase de advertencias diplomáticas. Con misiles en vuelo, instalaciones militares alcanzadas y una eventual decapitación del liderazgo iraní, Medio Oriente enfrenta una de las crisis más graves de las últimas décadas.