Ángeles Castillo

La malagueña Ronda es, sobre todo, su puente de vértigo en ese tajo de profundidad abisal, tan poético que cautivó a un poeta elegiaco como Rilke. Pero no solo. La ciudad entera, por sus cuatro costados, es magnífica. Si no fuera porque existe Sevilla, sería la más más bella de las ciudades andaluzas. Despierta una emoción dormida de amplio horizonte e insondables derivaciones que la emparenta con los sueños que no se disipan a la hora de la vigilia. Tal vez tenga mucho que ver con el hermoso y desgarrador lamento de la saeta.

Se quedaría en un paisaje soberbio servido por la naturaleza en bandeja de plata si brindara solamente la estampa de su profunda garganta, excavada por el río Guadalevín, afluente del Guadiaro. E incluso añadiendo la desafiante obra de ingeniería que lo salva, el puente Nuevo, erigido inevitablemente en imborrable símbolo. Su construcción hizo que el otro puente existente, considerado árabe y elevado tan solo 31 metros sobre el nivel del río, fuera llamado Viejo.

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Para el Nuevo, hubo un primer proyecto en 1735, cuyas obras duraron tan solo ocho meses, que resultó un rotundo fracaso, pues a los seis años se derrumbó causando la muerte de cincuenta personas. A la segunda sí fue la vencida. Con la diferencia de que esta vez se invirtieron cuarenta años, de 1751 a 1793, y con el arquitecto José Martín de Aldehuela al frente. Una leyenda cuenta que se arrojó al Tajo tras concluir su obra al no poder, o no querer, superar su exacerbada belleza. El ingenio dieciochesco, construido en sillares de piedra extraída del fondo del propio cañón, salvaba 98 metros de altura y conectaba el barrio antiguo con el moderno.

Por qué te va a encantar Ronda

Pero es que como ciudad, urbanística y arquitectónicamente, Ronda tampoco tiene parangón. Empezando por las casas que se asoman a semejante abismo, siguiendo por lo bien cuidada que está y acabando con que se le nota en el alma que ha conservado la huella de las culturas que la habitaron. Se ve a la legua que fue una de las principales ciudades del reino nazarí. Por algo enamoró, además de a Rilke, que la llamó la ciudad soñada, a Ernest Hemingway y Orson Welles.


El magnífico puente Nuevo, emblema de esta ciudad malagueña.


TURISMO RONDA


Para colmo, Ronda está rodeada por maravillas de la naturaleza como el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves, donde hay pueblos de trazado árabe tan bonitos como Parauta; el valle del Genal, que atesora joyas como Benalauría, con casas encaladas y balcones con flores, y la Sierra de Grazalema. En cuanto a las maravillas intramuros, ocupa un sitio de honor el palacio de Mondragón, levantado por el rey Abomelic, hijo del sultán de Marruecos Abul Asan, y utilizado, con el correr de los tiempos, como residencia para los reyes Isabel y Fernando. Ahora, como Museo Arqueológico Municipal. Destacan su salón noble, su patio mudéjar y sus jardines.

La Casa del Rey Moro

Un palacio que fue clave en la historia de la Reconquista y la defensa de la ciudad a lo largo de la historia, por estar en una zona inexpugnable, es el llamado Casa del Rey Moro. Un conjunto monumental único que se alza en la cuesta de Santo Domingo y consta de tres partes, que se pueden visitar. Por un lado, la Mina de Agua, una obra de ingeniería hidráulica de época musulmana que se construyó aprovechando una grieta en la roca del Tajo y que desciende 100 metros en vertical, salvados por 200 escalones.


El puente Viejo sobre el Tajo y los jardines de la Casa del Rey Moro asomando a la derecha.


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Por otro lado, la casa de estilo neomudéjar proyectada en 1912 por Trinidad von Scholtz Hermensdorff, duquesa de Parcent, que fue dama de la reina Victoria Eugenia. A la que hay que añadir el jardín que la duquesa encargó al gran arquitecto y paisajista Jean-Claude Nicolas Forestier en 1912, en el que este desplegó sus artes mezclando el espíritu francés, revelado en la geometría, con el hispanomusulmán a lo largo y ancho de sus tres terrazas unidas por escalinatas.

Iglesias y palacios

Esta es la parte antigua de Ronda, conocida como la Ciudad, donde están también la iglesia de Santa María la Mayor, la iglesia del Espíritu Santo, la Casa del Gigante, el Alminar de San Sebastián, la Casa de San Juan Bosco, la Puerta de Felipe V y un encantador entramado de callejuelas y plazoletas cuajadas de casas-palacio. En el barrio de San Francisco se encuentra la iglesia conventual y la plaza del mismo nombre, con los restos del que fue el primer templo cristiano desde la conquista por los Reyes Católicos, la ermita de Nuestra Señora de Gracia.


La puerta de Almocábar, la más importante de la muralla árabe.


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Desde aquí se ve la puerta de Almocábar, con tres arcos sucesivos y dos torres semicirculares laterales. Desde luego, la más importante de la muralla que rodeaba Ronda y llegaba hasta el puente árabe, donde se localizan los baños, de la misma época. Este recinto termal, que se remonta al siglo XIII y sigue el esquema romano, es el mejor conservado de la península. Igualmente, se conserva la noria que lo abastecía de agua, así como unas curtidurías posteriores (XVI-XVII) en la zona ajardinada.

La parte moderna de Ronda, llamada el Mercadillo, acoge la plaza de toros, una de las más antiguas de España, propiedad de la Real Maestranza de Caballería y donde los Ordóñez inauguraron en los años cincuenta la corrida goyesca. No se puede dejar de mencionar el parque de la Alameda, con su fabulosa balconada asomada al infinito. Tampoco las iglesias del Socorro, Padre Jesús, la Merced o Santa Cecilia, además del Círculo de Artistas, popularmente el Casino, donde Blas Infante organizó la primera asamblea andaluza.

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