Ángeles Castillo

Hay pueblos que son de película. Le pasa a Besalú, el más bonito de la Garrotxa, y le pasa a Mirambel, una de las joyas del Maestrazgo. También en Teruel, pero en la comarca del Matarraña, la bautizada como la Toscana aragonesa, está Valderrobres, cuyo casco antiguo es, ya de entrada, de cine. De gran belleza escénica. Lo enmarcan las fronteras naturales de las comunidades catalana y valenciana, con lo cual al carácter que le es propio por naturaleza hay que añadir el abiertamente mediterráneo. La dureza de la piedra mezclada con la ternura del azul.

Todo ello ha dejado su huella en la historia, hasta el punto de albergar sesiones de las Cortes del Reino de Aragón, presididas por Alfonso V -coronado en 1416-, y por ende en la cultura. Aquí se vivió intensamente la primera guerra carlista (1833-1840) y la revolución anarquista de 1933. En cuanto a la geografía, lo tenemos a 107 kilómetros de Teruel, a 217 de Valencia y a 219 de Barcelona. Lo dicho, un cruce de caminos. ¿De Madrid? Algo más lejos, a 415 km, aunque merece, y mucho, la pena. Valderrobres, como todo Teruel, es destino principal y preferente.

TAMBIÉN TE INTERESA

Sin más rodeos, este precioso pueblo es la mejor excusa, si es que hiciera falta, para adentrarse en estas tierras montañosas y pinariegas. En concreto, a nuestro pueblo lo protege la Peña Aznar, también conocida por su forma como la Caixa -curiosos nombres los dos-, que comparte con el vecino Beceite, y lo atraviesa el río Matarraña. Todo él luce un porte antiguo y claramente defensivo, presidido por su castillo y la iglesia de Santa María la Mayor, asomando entre la rotundidad de sus muros. Es cierto que tiene un aire toscano.

Qué ver en Valderrobres

Para conquistarlo hace falta cruzar el imponente puente de piedra medieval, de cuatro ojos, al cabo del cual está el portal de San Roque, que abría y cerraba el acceso a la villa amurallada, con arco de medio punto y hornacina para el patrón y protector. De las murallas, también de 1390, se pueden ver aún los restos, destacando el Portal Vergós, desde el que se accedía al camino de la vecina población de Torre del Compte. En total, llegó a contar con siete puertas.


El puente por el que se accede a la parte vieja de Valderrobres.


TURISMO VALDERROBRES


Posteriormente, en 1599, se levantó la casa consistorial en el último tramo del puente, conectando ya, bajo el arco, con la plaza de España, lo que lo hace doblemente encantador. Este edificio, de estilo renacentista, con tres fachadas, el tejado en voladizo y la típica galería con arcos, se hizo a imagen y semejanza de los ayuntamientos del Bajo Aragón y del Matarraña, particularmente del de Alcañiz, aunque se añadió una lonja con fines comerciales. No todo iba a ser administrativo y judicial. Por ser fue hasta cárcel.

Una bella plaza renacentista

El Renacimiento hay que buscarlo junto al propio ayuntamiento, sin salir de la fabulosa plaza, que es donde se alza también la llamada Fonda, que ya existía en el siglo XIV, entonces con funciones administrativas; la Casa Pereret, de cinco alturas, con escudo familiar y magnífico balcón; o la Casa Pallarés, de la familia del mismo nombre, que conecta con las escaleras del Pelleric, que serpentean por la ladera hasta lo más alto, como parte del trazado medieval. Todas ellas tienen como vecina a la Pensión Moderna, que fue pensión de lujo y central de teléfonos.


Dos de los edificios renacentistas de la plaza, la Fonda y el ayuntamiento.


TURISMO VALDERROBRES


Tirando del hilo de la historia y del arte se llega al Palacio, así en mayúsculas, que probablemente fue levantado en el siglo XV, como sede para la recaudación de impuestos, en manos de los arzobispos zaragozanos, al igual que el castillo, que fue su residencia hasta el XVII. También lo fue de varias familias nobles e incluso, ocasionalmente, de las reinas Leonor de Alburquerque (1374-1435), esposa de Fernando I de Aragón, y María de Castilla (1401-1458), casada con Fernando V de Aragón. Un castillo muy palaciego, por tanto.

Un majestuoso castillo palaciego

El egregio Palau tenía sitio incluso para un hospital, que servía de albergue para pobres y que funcionó hasta entrado el siglo XIX, cuando pasó de las manos de la Iglesia a las del Ayuntamiento, a raíz de la desamortización de Mendizábal (1835-1837). Momento este en que se transformó en las escuelas municipales y seguidamente en los almacenes del consistorio. Todos tenemos, sin duda, un pasado.

Para encontrar el origen del castillo, sin embargo, hay que remontarse a finales del siglo XII, resultando ya gótico y, por tanto, con fachada majestuosa, ventanas decoradas y una galería de once arcos de medio punto. En el interior, cabe resaltar la sala de las Caballerizas, la sala capitular, la de los Leones, el salón de las Chimeneas o la Cámara Dorada, además de la parte más defensiva, dotada de las consabidas almenas y el camino de ronda.


Adentrarse en Valderrobres es viajar en el tiempo.


TURISMO VALDERROBRES


Unida indisolublemente a este castillo-palacio está la iglesia de Santa María la Mayor, ejemplo igualmente del gótico turolense, de una sola nave de salón, según el modelo del norte de Europa, y gran rosetón, que se vuelve protagonista. Ambos dominan el valle sobre el que está asentado Valderrobres y ambos son únicos en Aragón. Una comunidad autónoma que, en cuestiones histórico-artísticas, no tiene desperdicio, como comprobamos recientemente en Tarazona, con lo mejor del arte mudéjar.

La diva aragonesa de la ópera

Como colofón, recordemos que en este rincón de Teruel nació en 1891 la soprano Elvira Juana Rodríguez Roglán, conocida como Elvira de Hidalgo, que cantó en los mejores teatros del mundo, desde La Scala de Milán al Covent Garden de Londres, pasando por la Ópera de París, el Liceo de Barcelona o el Teatro Real de Madrid. Tras debutar en el Teatro San Carlos de Nápoles como la Rosina de El barbero de Sevilla, la famosa ópera de Rossini, con tan solo 17 años.


La iglesia de Santa María la Mayor es una de las joyas de Valderrobres.


TURISMO VALDERROBRES


Cuando se retiró de los escenarios, tras alcanzar los cielos operísticos, Hidalgo se dedicó a la enseñanza, dando clases de canto en distintos conservatorios, entre ellos el de Atenas. Allí tuvo como alumna nada menos que a Maria Callas, entre 1938 y 1943, de la que fue muy amiga. La diva aragonesa también frecuentó a Josephine Baker y Coco Chanel. Un museo recuerda su vida y su obra, con trajes, bocetos y escenografías, que dan cuenta de la relevancia de su figura. Basta pensar que para la Callas fue, según ella misma confesó, su única maestra.

TAMBIÉN TE INTERESA