Ángeles Castillo

En la Edad Media gozó de gran fortuna, así que más que de pueblo hay que hablar de villa para referirse a la histórica y hermosa Atienza. La tenemos en la Serranía de Guadalajara, lo mismo que Sigüenza, con una de las catedrales más bonitas de España, y rimando. El lugar al que nos dirigimos está allí donde se cruzan las rutas del Cid, el Románico y el Quijote, palabras mayores. Y allí donde se alza el castillo citado en el Cantar de Mio Cid, nuestro cantar de gesta anónimo, como «peña muy fuerte», luego inexpugnable, así que la emoción y la belleza están aseguradas. Como nos pasó en este bello pueblo por descubrir.

Es sabido que primero fue alcazaba andalusí y que pasó por manos musulmanas y cristianas alternativamente, entre ellas las de Almanzor (938-1002), antes de ser conquistada finalmente por Alfonso I de Aragón (1073-1134), el Batallador, desposado en unas «bodas malditas» con Urraca I de León y Castilla (1081-1126), primera reina de pleno derecho en España y en Europa. En fin, que Atienza era, y es, un sitio principal, de lo que da cuenta también su Caballada, que se celebra el domingo de Pentecostés y es todo un viaje, a galope, por el tiempo.

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Esta fiesta, de interés turístico internacional, conmemora la ayuda que prestó la cofradía de arrieros al rey niño Alfonso VIII en 1162, cuando se encontraba resguardado entre sus muros bajo la protección de los Lara, una de las familias más poderosas de entonces. Todo porque su tío, Fernando II de León, pretendía arrebatarle la Corona castellana. De vuelta al castillo, recordemos que presentó batalla por los siglos de los siglos, hasta ser saqueado por los franceses durante la guerra de la Independencia, perdiendo así su vieja gloria y quedándose como está.

Castillo, murallas y un arco icónico

Con apariencia de barco varado sobre un promontorio rocoso, enarbolando su torre del homenaje, a la que hay que subir por el placer de contemplar los alrededores a vista de pájaro. Tal era la importancia estratégica de Atienza que gozó de doble cerco de murallas, con diferentes arcos, de los que se conservan tres, más el portillo de San Julián. A saber: el de la Virgen, el de la Salida y el más famoso, el de San Juan, conocido popularmente como de Arrebatacapas porque sucedía tal cual, que el aire les arrebataba las capas a los cofrades cuando lo cruzaban.


El castillo de Atienza, descrito en el Mio Cid como peña muy fuerte.


TURISMO CASTILLA-LA MANCHA


El arco es gótico, se encuentra en el primer lienzo de muralla y une las plazas del Trigo y de España. En el segundo lienzo había numerosos torreones de defensa, de los que han sobrevivido siete en el camino del Val y otros dos en la muralla propia que ceñía la judería. La plaza del Trigo es una maravilla, pura esencia medieval y ejemplo de arquitectura tradicional, y seguramente una de las más espléndidas plazas castellanas, con esa solemne austeridad tan característica. Ahí están las casas de antes, con soportales, fachadas enfoscadas de cal, vigas y pilares vistos, con especial mención a la Casa del Cabido y la de balcón en esquina.

Qué más puedes ver en Atienza

En esta plaza, llamada también del Mercado, está la más monumental de las iglesias de la villa, la de San Juan Bautista, levantada en el siglo XVI, netamente renacentista, sobre una primitiva iglesia románica. Presume de órgano barroco del XVII, todavía en funcionamiento. A su lado, la plaza de España, de forma triangular y en cuesta, con una hermosa fuente dieciochesca, la de los Tres Delfines o de los Tritones. Otro emplazamiento en el que disfrutar de las casas blasonadas, como la natal del comunero Juan Bravo (1484-1521), o de edificios nobles como el del ayuntamiento, del XVII, con escudo y torre del reloj con campana.


Así son las casas de la plaza del Trigo, con el castillo de fondo.


TURISMO ATIENZA


Por su parte, la iglesia de Santa María del Rey se halla a los pies del castillo y fue la primera en construirse tras la Reconquista, sobre una antigua mezquita, aunque fue objeto posteriormente de múltiples modificaciones. De época románica, además de su estructura, es su ábside cuadrangular, sus dos pórticos y una pila bautismal. Eso sí, por dentro solo se puede visitar el 15 de agosto, con motivo de su festividad. La de San Salvador es, curiosamente, un domicilio particular, pero ahí está, en el antiguo arrabal de Puerta Caballos. Nació románica y renació, nunca mejor dicho, renacentista, con pórtico de entrada semicircular y torre de planta cuadrada.

Tres museos en tres iglesias

Una cosa muy de Atienza es que tiene tres iglesias que son museos. El Museo de San Gil, con una importante colección de arte sacro, orfebrería y arqueología, en la primitiva iglesia románica, de la que se puede ver el ábside, porque el resto es del siglo XVI. El de San Bartolomé, rodeado de un patio arbolado, en una iglesia del XIII que aún luce gran parte de su factura románica. Aquí, además de joyas religiosas, hay una colección de más de 3.500 fósiles, donada por un particular. Y, por último, el de la Santísima Trinidad, con exposición de arte religioso y una sección dedicada a la Caballada, un templo que fue románico también en origen, pero con elementos góticos, renacentistas y barrocos.


El arco de Arrebatacapas es uno de los emblemas de esta villa.


TURISMO ATIENZA


No nos podemos dejar otro museo, el Centro de Interpretación de la Cultura Tradicional de la Provincia de Guadalajara, solo que esta vez no está en un templo, sino en un antiguo caserón del XV, la Posada del Cordón. Y falta por reseñar como símbolos de la tradición y la espiritualidad las cuatro ermitas atencinas, como la de Nuestra Señora del Val, con pórtico románico y una sorprendente arquivolta con diez figuras, entre las que hay nobles y saltimbanquis, y la de Nuestra Señora de la Estrella, donde se celebra la fiesta de la Caballada.

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