Las expectativas estaban por todo lo alto con la temporada 5 de ‘Stranger Things’. Entre el final de la cuarta entrega, los más de tres años de entrega y que es el cierre de la serie, era como mínimo inevitable tener curiosidad por saber qué tienen planeado los Duffer para dar la despedida definitiva a un de las mejores series de Netflix.

El problema era que estar a la altura de lo que cualquier se haya imaginado era poco menos que imposible, pero una cosa es esa y otra ofrecer un arranque tan decepcionante para esta quinta temporada. Tampoco voy a decir que sea mala, pero sí que apuesta demasiado por ser más de lo mismo, que tarda demasiado en arrancar y que el único episodio con el que realmente he disfrutado ha sido con el cuarto.

Sin la chispa de antes

En ese escenario entra en escena el hecho de que no hemos podido ver una temporada entera, por lo que es demasiado pronto para ofrecer conclusiones definitivas. Eso no quita para que cueste ver a todos los personajes más o menos cómodos tras el impactante final que tuvo la cuarta entrega. Es como si simplemente se quisiera hacer un pequeño reseteo antes de volver a meterse de lleno con los planes de Vecna.

Y no seré yo el que se queje de prestar atención a los protagonistas de ‘Stranger Things’, pues una de sus grandes bazas era crear personajes con gancho y encanto que permitían al espectador sumergirse aún más en los misterios ideados por los Duffer. Por desgracia, lo que sucede en la temporada 5 es que ni siquiera brilla igual que antes jugando con las dinámicas entre ellos, tanto aquellas más asentadas -pienso sobre todo en Hopper y Once- como otras que no se habían explorado tanto hasta ahora.

Ahí es donde la importancia de lo bueno conocido se diluye, ya que incluso en sus mejores momentos se siente como más de lo mismo pero con menos nivel. Incluso momentos simpáticos como la escena en la que Murray echa la bronca a Dustin por quejarse de no haber conseguido todo lo que le había pedido se acaban quedando un poco a medias.

Final Stranger Things

A eso hay que sumarle que sucede algo curioso: estos primeros cuatro episodios se sienten al mismo tiempo morosos en lo referente a lo que ofrecen y un pelin acelerados en el aspecto dramático. Soy consciente de que ‘Stranger Things’ siempre ha sido puro entretenimiento por encima de todo lo demás, pero en sus mejores momentos encontraba un delicioso equilibrio que lo acercaba a ser una especie de blockbuster perfecto. Aquí eso no sucede.

Es verdad que visualmente luce el dineral que Netflix se ha dejado en ella, pero estos cuatro episodios se sienten como una introducción que quiere jugar con los elementos con los que conquistaron a muchos, pero sin saber cómo dar en la diana. Dejando a un lado la ligera sensación de engaño por la forma de utilizar el salto en el tiempo para que todo arranque de forma engañosamente plácida, queda la sensación de que lo que ofrecen podría haberse limitado a dos episodios sin que saliéramos perdiendo gran cosa.

Por suerte, la cosa se empieza a entonar con el final del tercero y el cuarto, aunque excesivamente largo, es un episodio ya más satisfactorio. Y no lo digo pensando sobre todo en la explosión de violencia del tramo final, sino porque realmente transmite que la cosa está yendo ya en una dirección clara en la que ya no hay espacio para tiempos muertos tontos que en algunos casos incluso puede hablarse de simple relleno.

Final Stranger Things Imagen

Eso invita a ser optimistas con los cuatro capítulos restantes y que el bagaje acabe siendo mucho más positivo. Por ahora, parece que les ha dado miedo de no hacer lo mismo que ‘Juego de Tronos’ e ir demasiado acelerados, pero es que eso les ha llevado a hacer justo lo contrario. Y aquí había que ir echando toda la carne en el asador desde el principio en lugar de que al menos durante dos episodios se sienta como una temporada más.

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